Se acabaron ya las vacaciones para la mayoría de nosotros. ¡Cuánto quisiéramos quedarnos más tiempo en los lugares en que estamos gozando de esa sensación de paz y de tranquilidad que nos dar el convivir con la naturaleza y con los nuestros en una atmósfera más relajada!
Pero todo llega en el algún minuto a su fin; incluida las vacaciones. Nos estamos acercando al mes de marzo, tiempo en que nuestros niños vuelven entrar al colegio y a las universidades. Los niños se pondrán de nuevos sus uniformes, saldrán temprano en la mañana camino a sus clases. Los papás, la medida de sus posibilidades saldrán a ganarse el pan de cada día. ¿Cómo hacer posible que ese sol del verano brille a lo largo de todo nuestro año? Quizá sea la oportunidad de fijar costumbres nuevas o momentos familiares, al menos una vez por semana en nuestra casa en los cuales reine el ambiente y sol del verano, rompiendo así la rutina de los días. Repasar, por ejemplo, que cosas nuevas hicimos que diariamente no hacemos en nuestros hogares y que nos gustaría poder hacerlas. Como quizás darnos el tiempo de sentarnos a tomar el te con nuestros hijos cuando regresen del colegio y poder darles un espacio para que ellos nos cuenten lo que les sucedió a lo largo del día, sin criticar ni dar consejos, sin exasperarlos; solamente escuchándolos y estando atentos a lo que ellos necesiten, Ojalá pudiéramos tomar esta costumbre desde que son pequeños para que ya de grandes, cuando lleguen a la pubertad no les cuesta tanto abrir sus corazones y contarnos sobre sus vidas.
Vendrá el tiempo de la rutina, pero en la rutina también podemos introducir cosas nuevas, que traerán un aliento fresco, una brisa de verano, un recuerdo cálido de sol; las risas que tuvimos en las sobremesas generando un nuevo estilo de vivir, un nuevo estilo familiar, donde reine una mayor comunicación y unidad.
No permitamos que el hecho de volver a nuestra vida diaria ésta nos vaya absorbiendo con sus pequeñas cosas y ocasione que olvidemos las cosas preciosas que acumulamos durante el verano.
Ojalá que podamos vivir durante el año lo que vivió la pequeña familia de Nazareth: una vida más sencilla, quizás más apretada, pero una vida en la cual estaban todos los unos en los otros, con los otros y para los otros.
P. Carlos Cox D.
pcacox@mariohiriart.cl
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