Anónimo
Dios, no sólo recuerdes a los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también a los de mala voluntad. Pero no recuerdes el sufrimiento que nos causaron. Sino más bien recuerda los frutos que dimos, gracias al sufrimiento: nuestra camaradería, nuestra lealtad, nuestra humildad, el valor, la generosidad, y la grandeza de corazón que este sufrimiento ha producido. Y cuando vengan ante el juicio, deja que los frutos que producimos les sirvan de perdón.