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Una vez centrada la cuestión, y antes de proponer algunos consejos más específicos para las mujeres y los maridos, tal vez convenga sugerir ciertas ideas aplicables a ambos:

II. Consejos para ambos cónyuges

1. El amor conyugal no es una simple pasión, ni un mero sentimiento... ni un enjambre más o menos rumoroso de ellos.

Aunque tales emociones a menudo lo acompañen y sea bueno que así ocurra, el verdadero amor entre los cónyuges es una donación total, definitiva y excluyente, fruto de un acto de libertad, de una determinada y libérrima determinación de la voluntad, que se decide de manera irrevocable a querer al otro de por vida.

Como consecuencia, ser fieles significa renovar el propio «sí»... también --¡y sobre todo!-- cuando en ocasiones nos resultara costoso.

2. Como antes apuntaba, al cónyuge hay que volverlo a enamorar cada jornada, sin olvidar que la boda no es sino el sillar de un grandioso edificio, que deben levantar y embellecer piedra a piedra, desvelo tras desvelo, alegría con alegría, entre los dos.

Si en el momento de la boda no se inaugurara una gran aventura, la mejor y mayor aventura de la vida humana, consistente en hacer crecer el amor y de este modo --¡amando yo más!-- ser muy felices,... ¿tendría sentido casarse?

3. El amor se nutre de minúsculos gestos y atenciones. Evita, pues, las pequeñas menudencias que molestan al otro cónyuge y busca, por el contrario, cuanto le satisface.

Si te sientes incapaz de hacer grandes cosas por él o por ella, no te preocupes ni te empeñes en buscarlas. Como en el resto de la vida humana, la clave del éxito no se encuentra en esa magnas gestas a menudo solo imaginarias, sino en el diminuto pero constante detalle de cada instante.

4. Al casarte, has aceptado libremente a tu consorte tal como es, con sus límites y defectos; pero esto no significa renunciar a ayudarle con amabilidad, tino y un poco de picardía a que mejore... queriéndolo cada vez más: lo decisivo es «soportar», en el sentido de ofrecer un apoyo incondicional y seguro, y no «soportar», en la acepción de aguantar sufridamente los presuntos defectos y manías del otro.

5. No te dejes absorber de tal manera por el trabajo, las relaciones sociales, las aficiones... que acabes por no encontrar tiempo para estar a solas y en las mejores situaciones con tu cónyuge (y para dedicar también tu atención al hogar y al resto de la familia).

6. Toma las decisiones familiares de común acuerdo con el otro componente del matrimonio, esforzándote por escucharlo e intentar comprender sus razones (la clave de la comunicación no reside en ser un buen «charlatán», sino, si se me permite la expresión que empleaba un conocido mío, un excelente «escuchatán»: ¡qué gran amigo aquel que simplemente sabe oírnos con atención!).

Y, en el caso de que, al no llegar a un acuerdo, hayas seguido su criterio, no se lo eches en cara si, por casualidad, de ahí se derivara algún inconveniente. Una vez tomada la decisión, tras sopesarla convenientemente, es exactamente igual de aquel que tomó la iniciativa como del que demostró la suficiente confianza para seguirla.

7. Respeta la razonable autonomía y libertad de tu consorte, reconociendo, por ejemplo, su derecho a cultivar un interés personal, a atender y fomentar sus amistades, su vida de relación con Dios, sus sanas aficiones... sabiendo que, entonces, él o ella se esforzarán por no descuidar el cuidado y el mimo que tú mereces.

No te dejes arrastrar por los celos, que son ante todo una demostración de desconfianza hacia tu cónyuge... y que podrían dar origen a aquello mismo de lo que intentan defenderse o que pretenden evitar.

8. La alegría y el buen humor son como el lubricante imprescindible para que la vida de familia discurra sin fricciones ni atascos, que podrían minar la armonía entre sus miembros. Dentro de este contexto se advierte toda la importancia de los momentos de fiesta, auténticos motores del contento y la algazara familiares.

Procura, entonces, que algún detalle material, modesto pero atractivo --en la comida, por ejemplo, o en la decoración del hogar--, encarne y dé cuerpo al ambiente jubiloso del espíritu, cuando la fecha así lo reclame... o cuando lo estimes conveniente, aunque no exista «ningún motivo» para hacerlo... excepto el amor que tienes a tu familia.

9. Con todo el cariño del mundo, mantén en su lugar a tus padres, sin permitirles que se entrometan imprudentemente en vuestros asuntos. En ocasiones --y sobre todo al principio-- será oportuno pedir ayuda, pero recuerda que cuando las reglas de juego están claras resulta más fácil conservar la armonía.

10. No tengas demasiado miedo a discutir, pero aprende a reconciliarte enseguida siguiendo el «decálogo del buen discutidor», que tal vez exponga en otro artículo.

E incluso esfuérzate --sólo es difícil las primeras veces-- en sacar provecho de esas trifulcas, reconciliándote lo más pronto posible con un acto de amor, manifestado por un jugoso abrazo, de mayor intensidad que los que existían antes del enfado.

Si procuras que las discusiones se produzcan muy de tarde en tarde, acabarás por comprobar lo que aseguraba un santo sacerdote de nuestro tiempo: que vale la pena reñir alguna que otra vez sólo para después poder hacer maravillosamente las paces.

Tomás Melendo Granados
Catedrático de Filosofía (Metafísica)
Director Académico de los Estudios Universitarios sobre la Familia Universidad de Málaga
Colaborador de Mujer Nueva

El tiempo que tenemos disponible en nuestra vida, no sabemos por cuánto más se extenderá, por lo que es bueno pensar en expresar nuestros sentimientos a quien amamos ahora.

Sólo se vive una vez......cómo dice la canción de ....

baile.jpg

Y tal como lo han escrito tantos autores, así lo indica también el padre Ignacio Larrañaga en su libro "El Arte de ser feliz" cuando dice que "no podemos retroceder ni un instante en el tiempo. Todo lo acaecido hasta este momento ya es un hecho consumado, imposible de ser alterado ni una milésima de segundo".

En materia de amor pareciera ser que hemos ido tomando un grado mayor de conciencia del ritmo agitado que nos ofrece la vida y, adicionalmente, de la importancia que adquiere el expresar nuestros afectos en medio de la realidad en que nos movemos, y es así, entonces, que en la actualidad hasta quienes se comunican por vía electrónica están aprendiendo a manifestar los sentimientos de cariño y de amistad, que hasta hace muy poco no nos atrevíamos a expresar abiertamente.


1. El asiento trasero del auto, es mi segundo escritorio

2. Comparto con mi marido tanto las tareas domésticas como las de los niños

3. Asumiré desafios profesionales más complejos después de celebrar el 5° cumpleaños de mi hijo menor.

4. Trato de no sentirme culpable de trabajar cuando estoy trabajando, ni de estar en la casa cuando estoy ahí.

5. Dedico un día especial al mes a cada uno de mis hijos (y a mi marido y a mi misma)

6. Dejo el trabajo en la oficina y no lo llevo a la casa

7. Me pongo una hora de término al trabajo (o sino puedo terminar llegando muy tarde a la casa)

8. Trato de tener buen humor al llegar a la casa

9. Las tareas domésticas pueden convertirse en un juego para mis niños

10. Confío en que Dios también quiere que me alcance el tiempo para todo; mi marido, hijos, trabajo y todo lo demás.


Dentro de éste, las cosas pequeñas son las más importantes...

*Es nunca ser demasiado viejo para tomarse las manos.
*Es recordar decir "Te quiero " por lo menos una vez al día.
*Es nunca ir a dormir estando enojados.
*Es estar de acuerdo en los valores y tener objetivos comunes.
*Es estar juntos frente al mundo.

NUEVA YORK.- Cuando Lawrence H. Summers, presidente de Harvard y ex secretario del Tesoro, sugirió hace unos días que una de las causas del lento progreso de las mujeres en ciencias y matemática podría ser un conjunto de diferencias innatas entre los sexos, agregó leña al fuego de un debate que viene fermentando desde hace décadas.

Fue tal la cantidad de reacciones violentas que despertaron sus palabras que debió disculparse varias veces públicamente. Sin embargo, muchos quedaron con la duda de si tenía razón.

¿Encontró la ciencia evidencias concretas sobre disparidades relevantes en las capacidades intelectuales de ellas y ellos, o en el empuje que lleva a triunfar a toda costa, que podrían explicar la persistente inferioridad en la presencia de las mujeres en la ciencia en general, y en especial en el tercio superior de la profesión?

Investigadores que han explorado el tema de las diferencias entre los sexos desde casi cada ángulo concebible dicen que, en efecto, hay una cantidad de discrepancias entre hombres y mujeres: en sus puntajes promedio en las pruebas de capacidades cuantitativas, en sus actitudes hacia la matemática y la ciencia, en la arquitectura de sus cerebros, en la forma en que metabolizan las medicaciones, incluyendo aquellas que afectan el cerebro.

Sin embargo, a pesar del deseo de encontrar respuestas definitivas y prolijas a preguntas complejas, los científicos advierten que el mero hallazgo de una diferencia en la forma no implica una diferencia en la función o la producción.

"No vamos a ninguna parte negando que hay diferencias hormonales y neurológicas", dice Virginia Valian, profesora de psicología del Hunter College, que en 1998 escribió el libro "¿Por qué tan despacio? El avance de la mujer". "El problema que tenemos como científicos es evaluar su significado en la vida diaria."

Cuestión de tamaño

359325.jpgPor ejemplo, los neurocientíficos mostraron que el cerebro de la mujer es alrededor de un 10% más pequeño que el del hombre, incluso si se tiene en cuenta que su masa corporal es menor.

El problema es que a través de la historia se han citado distintas características anatómicas para respaldar hipótesis que simplemente reflejan los prejuicios sociales y culturales del momento.

Hace un siglo, el científico francés Gustav Le Bon llamaba la atención sobre el menor tamaño del cerebro femenino -más cercano, decía, al de los gorilas que el de los hombres- y afirmaba que ese rasgo indicaba en ellas "poca constancia, ausencia de pensamiento y lógica, e incapacidad de raciocinio".

Dejando de lado el tamaño, alguna evidencia sugiere que el cerebro de la mujer tiene relativamente más materia gris -compuesta por las valiosas neuronas, que, se cree, tienen a su cargo la mayor parte del pensamiento-, mientras que el cerebro del hombre contiene más materia blanca, que es el tejido que existe entre las neuronas.

Para complicar más el problema, nuevos estudios de imágenes de la Universidad de California sugieren que hombres y mujeres con el mismo cociente intelectual utilizan diferentes proporciones de materia gris y blanca cuando resuelven tests de inteligencia.

Los hombres, dicen los investigadores, parecen dedicar 6,5 veces más de su materia gris a las tareas relacionadas con la inteligencia que las mujeres, mientras que éstas dependen más de la materia blanca.

Qué quiere decir todo esto es pura conjetura. "Es la cognición lo que cuenta, no la materia física que la despliega", argumenta Nancy Kanwisher, profesora de neurociencia del Massachusetts Institute of Technology. Cuando estudian proezas cognitivas, los investigadores se impresionan por la forma similar en que chicos y chicas aprenden a dominar nuevas tareas.

Habilidades numéricas

359401.jpg"Cuando medimos sus capacidades son sorprendentemente parecidos", dice Elizabeth Spelke, profesora de psicología de Harvard.

Spelke y sus colegas estudian habilidades espaciales, cuantitativas y numéricas en chicos de entre cinco meses y siete años. "En esa edad, aunque siempre buscamos diferencias de género nunca las encontramos", agrega.

En la adolescencia, sin embargo, algunas diferencias comienzan a emerger, especialmente cuando se consideran pruebas estandarizadas como el SAT. Mientras los puntajes por destrezas verbales son muy similares para ellos y ellas, hace treinta años que los varones obtienen mejores puntajes en matemática.

seducción en el matrimonio.jpgFuente: Revista Ya, El Mercurio
diario.elmercurio.com
Texto: Ana María Egert R.
Fecha: 22 de Julio de 2003

El Libro se llama "Descubrir la sexualidad", y puede asombrar a cualquiera en los tiempos que corren, cuando todo ya parece estar descubierto.

Pero no es lo que piensan su autora, Beatriz Zegers, ni sus coautoras, María Angélica Contardo, María de la Luz Ferrada, María Soledad Rencoret y María Elisa Salah, todas sicólogas, ni la profesora de Historia, Isabel Zegers, quienes no sólo abordan el tema desde una visión sicológica y antropológica, sino también de la ética católica, entre cuyos principios está el matrimonio para toda la vida y la virginidad hasta el casamiento.

Dice Beatriz, quien es directora de investigación en la Escuela de Sicología en la Universidad de los Andes:

"Es cierto que hoy existe mucha información respecto de lo que es la conducta sexual y los métodos para prevenir determinadas enfermedades, pero pienso que hombres y mujeres siguen tan desinformados como siempre respecto de lo que es el verdadero significado de la sexualidad humana, y esto causa problemas en muchos matrimonios. Lo veo en mi consulta y en la vida diaria".

Por Jesús Ginés Ortega
Universidad Santo Tomás

pareja1.jpgDespués de leer a las tres psicólogas Clemencia, Beatriz y Pilar en su reciente libro sobre el matrimonio, parece que se puede responder con un sí rotundo a la pregunta del encabezado. Hay gente feliz, incluso muy feliz en el matrimonio, después de diez, veinte, treinta y más años de estar casados por las dos leyes. ¡Qué desilusión se van a llevar muchos rastreadores de desgracias ajenas, que tantas veces nos repiten que el matrimonio es una especie en extinción, que hoy se impone el divorcio, que es preciso rehacer la vida de pareja cuantas veces sea necesario y tantas otras sentencias negativas en cuanto a la fidelidad conyugal.

Naturalmente que comparto la tesis de las tres autoras, cuya experiencia científica y vivencial avala fuertemente sus análisis y sobre todo sus conclusiones. El libro se titula "Secretos y complicidades en el Matrimonio: Parejas felices". Un poco largo, pero muy explicativo para quienes tienen poco tiempo de leer y muchas ganas de enterarse del contenido. Últimamente he visto entre la literatura práctica, que hoy se estila, poner títulos que lo digan casi todo. El penúltimo que tuve el gusto de leer fue el titulado "¿Porqué los hombres no entienden y las mujeres no saben leer mapas"?. Este es también un libro escrito en compañía. Se trata de un matrimonio de expertos en relaciones humanas, australianos y con un sentido amplio del humor, aparte de un gran conocimiento de lo que son los hombres y las mujeres. Me permito sugerir a los lectores aficionados al tema familiar que lean ambos textos e incluso que los lean al mismo tiempo, porque, aparte de divertirse bastante, aprenderán igualmente mucho acerca de la condición marital.


Autor: : Poli Lavín

Fuente: : Colaboradora de Mujer Nueva

Fecha: : 2004-11-08

violencia.gifEl tema de la violencia despierta cada vez más el interés de la opinión pública, ya que los casos de abusos y maltrato van en aumento en todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo, los medios de comunicación se han obstinado en etiquetarla como "violencia intrafamiliar" o "doméstica", dando a entender que el hogar es el foco privilegiado en el cual la violencia se concentra.

Autora: Beatriz Zegers Prado
Fuente: Revista Vínculo

La modificación a la ley del Matrimonio Civil, ha puesto en el tapete de la discusión pública el tema de la institución matrimonial y la familia. Sin embargo, los intentos por presentar de modo desfigurado los principios de la moral cristiana matrimonial no son nuevos. Desde hace treinta años, se ha buscado presentar un modelo de pareja que se ha autoproclamado como progresista y moderno. Quienes no estamos de acuerdo hemos sido tildados de anticuados y más recientemente, de fundamentalistas. Es así como se han validado las relaciones con múltiples compañeros y ridiculizado la relación estable, aquella basada en la constitución de un consorcio para toda la vida -que surge del consentimiento mutuo- otorgado en el acto del matrimonio. Este cuestionamiento ha influido profundamente en la manera en como se forman las parejas hoy día y los modos que se adoptan para resolver los conflictos cuando surgen. Se han modificado las normas sociales que durante siglos han determinado el papel del hombre y de la mujer en el matrimonio y con ello, se han suprimido las ayudas orientadoras, haciendo creer que así se alcanza una libertad hipotética, haciendo aparecer como superflua la institución matrimonial.

Lo que no han advertido es que este modelo de ser humano, transforma a hombre y mujer de sujetos en objetos y reduce el contenido del amor a la mera satisfacción placentera, siendo esencialmente egoísta. Refleja además una nueva forma de angustia, la angustia ante el matrimonio.

El término pareja se usa para designar una relación particular entre un hombre y una mujer, donde se aísla el sentimiento amoroso de las influencias externas, del tiempo y de las normas sociales, sobrevalorando la subjetividad afectiva e ignorando la participación de la voluntad libre en los actos humanos. Decimos fulano y mengano son una pareja, cuando ellos no han formalizado su relación, no se han casado, no existiendo un reconocimiento social, ni tampoco un compromiso estable para toda la vida. Quienes son pareja lo juzgan innecesarios, les basta saber que se aman y por tanto, como amantes, son los dueños de su relación, pueden terminarla cuando lo deseen, no le deben cuentas a nadie, reforzándose el individualismo.

Como expresión o manifestación de esta realidad, se ha observado con mayor frecuencia, que lo jóvenes retardan la decisión de casarse o simplemente la postergan indefinidamente. Eligen el cohabitar o convivir como una forma de liberarse de la presión que significa tomar una decisión para toda la vida. El argumento esgrimido es que así se aseguran en la práctica, si son o no capaces de adaptarse mutuamente. Los conflictos entre las parejas se manifiestan de manera distinta; la norma ideal, a la que supuestamente muchos aspiran, es la imagen de una amistad libre, de compañeros emancipados que sólo tiene existencia y duración mientras permite a los interesados su propia realización personal, entretanto permanezca vivo el amor sin obligaciones. Es usual ver que entre ellos se eliminan con miedo y se ocultan con vergŸenza, los sentimientos cariñosos y tiernos, por temor a que el compañero se ría de ellos. Es así que estos pueden ser considerados expresiones de demandas infantiles de afecto, de debilidad, incluso de ingenuidad, pero por sobre todo, su descubrimiento ante el otro, los vuelve vulnerables y necesitados.

El miedo al compromiso les impide a muchos tomar la decisión de casarse o a establecer relaciones de pareja estables y es así como sostienen relaciones afectivas breves, que se interrumpen siempre en el momento en que surgen sentimientos de amor, necesidad de cariño y deseo de amistad duradera. Se tiene temor de caer en una unión tan íntima que los deje expuestos a sufrir a causa del otro. Frente a la angustia de no poder soportar semejante frustración, se anticipan y prefieren terminar la relación. La tendencia a destruir todas las emociones ligadas al amor, conduce finalmente al vacío interior, a la resignación y al sentimiento de falta de sentido de la propia vida.

Finalmente cuando los jóvenes se deciden por el matrimonio, el temor al fracaso los hace precaverse, anticipándose por si acaso las cosas en el futuro no van bien. Pero un compromiso estable como exige el vínculo matrimonial supone superar las aprehensiones y ambivalencias y confiar en la voluntad para resolver los conflictos, cuando existe un amor maduro; para cultivar la gracia sacramental que recibimos cuando damos el sí, para siempre...

Es interesante conocer que la evidencia acumulada en Estados Unidos, sugiere claramente que comparado con el matrimonio, la cohabitación sin compromiso, es un arreglo social inferior. Las parejas que conviven sin planes definitivos para casarse realizan un acuerdo diferente a los matrimonios o parejas que cohabitan con un compromiso. Estos arreglos sólo comparten con el matrimonio la vida sexual activa y la casa o departamento en que se vive, aún cuando la probabilidad de que la relación sea monógama, disminuye, no obstante quienes conviven esperen que la relación sea con exclusividad sexual. Generalmente las mujeres que conviven ocupan una mayor cantidad de tiempo en tareas del hogar que las mujeres casadas y reciben menos compensaciones financieras de parte de su pareja por hacerlo. En el caso de los hombres, se ha visto que el compromiso con la relación es menor; mientras que las mujeres con hijos se sienten inseguras respecto del futuro; los niveles de violencia son más altos, especialmente en aquellas parejas que no tienen compromisos para el futuro y los hijos, nacidos de estas uniones, tienen más dificultades adaptativas. La cohabitación en sí misma parece causar actitudes que limitan el compromiso de largo plazo; dañan el bienestar emocional, de hecho quienes cohabitan reportan sentirse más deprimidos debido a las probabilidades de que su relación termine. Refieren estar menos satisfechos con la vida en general que lo que señalan quienes están casados. Finalmente, se ha visto que distancia a las personas de las instituciones religiosas y sus familias.

No ha de extrañarnos por tanto, el llamado que hace S.S. Juan Pablo II a los jóvenes: ¡No os dejéis arrebatar esta riqueza! No grabéis un contenido deformado, empobrecido y falseado en el proyecto de vuestra vida: el amor "se complace en la verdad". (...) No tengáis miedo del amor, que presenta exigencias precisas al hombre. Estas exigencias -tal como las encontráis en la enseñanza constante de la Iglesia- son capaces de convertir vuestro amor en un amor verdadero. (...) La Iglesia y la humanidad os confían el gran problema del amor sobre el que se basa el matrimonio, la familia; es decir, el futuro. Esperan que sabréis hacerlo renacer, esperan que sabréis hacerlo hermoso, humana y cristianamente. Un amor humana y cristianamente grande, maduro y responsable (Carta apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo, Roma, 31/3/1985, párr. Nro. 10).

El tema de esta reflexión nos llama a revisar algo que es muy nuestro: la pedagogía de las vinculaciones. Ella nos enseña que el hombre, para llegar a ser él mismo y para llegar hasta Dios, necesita la mediación del otro. No caben dudas que en nuestra sociedad las expresiones amorosas se encuentran enfermas, cada vez hay más parejas y menos matrimonios, muchos de los que se casan establecen también compromisos provisionales como la ley sobre Matrimonio Civil en discusión, quiere validar. Ante este estado de cosas es bueno preguntarnos ¿cómo estamos viviendo en nuestra vida, esta pedagogía?, ¿cómo han sido los vínculos que hemos establecido con nuestros cónyuges, con nuestros hijos, con Dios?, ¿qué imagen hemos transmitido del vínculo matrimonial a nuestros hijos? ¿cómo hemos incorporado y difundido esta verdad antropológica en nuestro ambiente laboral y en los segmentos de la sociedad en los que participamos? Los schoenstattianos tenemos una misión y quién tiene una misión ha de cumplirla.

Por: Beatriz Duque López (Mujer Nueva, 2004-06-10)

Mujeres... ¿Quién puede entenderlas? Ellos se rompen la cabeza tratando de hacerlo y llegan siempre a la sabia conclusión de felices y al instante se sienten los seres más desdichados del planeta. Siempre están hablando como “cotorras”, contándole a todo el mundo sus problemas, pero cuando ellos tratan de darles alguna solución saltan como leonas enfurecidas y dicen: ¿quién te pidió tu opinión

Hombres... Ellas dicen que Dios los creó primero porque “echando a peder se aprende”, que son unos insensibles, incapaces de escuchar e insoportables a la hora del fútbol, que no toleran un consejo pero siempre están diciendo qué hacer a los demás, que son competitivos y autosuficientes, no comparten sus problemas y las hacen a un lado cuando se trata de resolverlos.

¿Sabías que incluso el cerebro funciona diferente en hombres y mujeres?

El cerebro humano está dividido en dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. El izquierdo controla todo lo que corresponde al pensamiento lógico y racional, mientras que el derecho tiene que ver con las emociones, la creatividad, la fantasía y lo subjetivo. Los seres humanos combinamos la información que nos proporcionan ambos hemisferios y así conocemos, pero este proceso es diferente en hombres y mujeres.

  • Las mujeres tienden a trabajar con ambos hemisferios simultáneamente. En otras palabras, nunca independizan los procesos racionales de las emociones. Por eso no es sorprendente que cuando hablen con alguien pongan atención no sólo a lo que les dicen, sino también a la expresión y los gestos con que se lo dicen, a la ropa que trae puesta su interlocutor, a la espinilla que tiene en la cara, a la forma como mueve las manos y al estado del clima.

  • Las mujeres pueden estar en muchos canales al mismo tiempo y por eso pueden ser tan detallistas, intuitivas, sensibles y, por qué no decirlo... ¡en Muchos casos también chismosas!

  • También tienen una gran capacidad para fantasear y es por eso que se arman ellas solas unos novelones dándole vueltas y vueltas a lo mismo.

  • Está demostrado que la mujer procesa con mayor rapidez los estímulos sensoriales y verbales, lo gran le da una gran capacidad para relacionar, percibir y comunicar tanto la información verbal como no verbal, así como las emociones. Su estrategia es la persuasión por la vía indirecta... así como quien no quiere la cosa. No en vano dicen que “el hombre lleva los pantalones, pero del color que la mujer quiere”.

  • Los hombres son más dados a trabajar con un solo hemisferio a la vez. Por eso tienden a no mezclar la razón con las emociones, como lo hacen las mujeres. Esto los hace más racionales y “fríos” a la hora de tomar sus decisiones, pero también menos capaces de expresar sus sentimientos.

  • Ellos no se enrollan dándole vueltas a las cosas, no se complican la vida. Simplemente extraen lo esencial sin fijarse mucho en los detalles. Por eso, cuando hablan con alguien es inútil esperar que sepan cómo andaba de ánimo esa persona y, menos aún, qué ropa traía puesta.

  • Ellos prefieren resolver uno a uno sus problemas y cuando centran su atención en algo NO LES GUSTA que los distraigan (por eso es mejor no interrumpirlos cuando ven el fútbol o la televisión).

  • De acuerdo con estudios científicos el cerebro masculino está organizado de manera más compacta y eficiente para el procesamiento de información visual y espacial, así como para el razonamiento matemático. De ahí que tiendan a ser más analíticos, amantes de los cálculos, fórmulas y deducciones.

    EllasEllos

    • Son más intuitivas
    • Son más realistas
    • Expresan sus emociones
    • Buscan ser aceptadas
    • Necesitan ser escuchadas

    • Tienen mayor capacidad para aguantar el
      dolor y enfrentar el sufrimiento
    • Más sentimentales.
    • Les gusta incentivar
    • Más detallistas
    • Imaginativas y fantasiosas

    • Son más reflexivas y profundas

    • Más lógicos y analíticos
    • Son más racionales y, a la vez, más
      racionalistas
    • Ocultan sus emociones

    • Buscan ser respetados
    • No les gusta perder el tiempo en
      explicaciones
    • Más fuertes y vigorosos
    • Les gusta competir.
    • Autosuficiente
    • Les encanta tomar decisiones

    • Son más impulsivos
    • Son más agresivos y ambiciosos

    Para leer...

  • Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. John Gray. Ed. Grijalbo.
  • El sexo en el cerebro (Brain sex). Anne Moir y David Jessel. Ed. Planeta.
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