Novedades en la categoría Relación Hombre Mujer

Por Paulina Bañados
Psicóloga

Siguiendo con la temática iniciada en la edición anterior, queremos adentrarnos en una de las problemática que se presenta cuando se comienza a mantener una relación en forma estable con una pareja determinada.

“Tu eres lo único importante en mi vida” es una frase del pololeo en el que hay una natural acentuación de la exclusividad. El pololeo, por definición, es una relación exclusiva con el tú. Ese tú pasa a ser todo para nosotros. Nada existe fuera de él. Estamos “extasiados”, “fijados” en la otra persona, hasta tal punto que, a veces, no logramos salir de ese éxtasis. Considerando que inicialmente es natural esa acentuación de la exclusividad, existe, sin embargo, el peligro del encerramiento exagerado. Se olvidan entonces, los estudios, el trabajo, la familia, los amigos, etc. Por eso, esta etapa no debiera prolongarse más allá de lo necesario.

Por otro lado, hay personas que “acaparan” al tú, que los desconectan de su realidad, de sus responsabilidades y de su mundo de relaciones. Sucede incluso a veces que sistemáticamente se separa a la otra persona de todas sus amistades con el fin de retenerlo para sí en forma egoísta.

Todo esto exige una maduración del amor y de la relación.

Ese “yo” que hay tras ese “tú” exclusivo
Cuando se genera una relación de pololeo se ponen en juego dos individualidades particulares, las cuales para llegar a ser lo que son en este encuentro han recorrido caminos propios, a veces muy distintos uno del otro, a veces, algo similares. Pero aún en el caso de existir similitudes, por definición, cada ser humano es único y distinto de otros.

Cada uno se distingue,. y conforma una “constelación” irrepetible. Desde la apariencia física, el color de los ojos o de la piel; sus características de personalidad, sus habilidades, sentido del humor, capacidad intelectual, sensibilidad, gustos y preferencias. Así también la familia en que se ha nacido y la cultura en que ha sido formado, todo ello, hay ido contribuyendo a hacer de cada sujeto un ser único.

Y al llegar al momento de descubrir a un “tú” con quien se forma una relación de pareja, se llega también con toda esa individualidad, la cual está en un permanente desarrollo por la interacción con diversos ámbitos. Al interior de estos ámbitos el sujeto va forjando su propio “yo”. Ha sido en la relación con dichos diversos ambientes en los que se han ido generando intercambios que han permitido que el sujeto sea lo que es hoy y que es ahora una de las partes de una la relación de pareja.

Es a través de los múltiples encuentros y demandas de la vida diaria se va perfilando el sujeto actual y produciendo su crecimiento y desarrollo como persona. Y, es este sujeto con las múltiples dimensiones de su vida, quien se presenta al otro “yo”, quien, a su vez, se aproxima con su propia historia personal.

Será importante entonces poner atención a cuáles han sido nuestros ámbitos habituales de interacción: la familia, amigos, estudio o trabajo, deportes, espiritualidad, ayuda social u otros, en los cuales hemos participado y a través de los cuales nos hemos ido desarrollando y reconociendo como personas. Y si nos damos cuenta que muchos de ellos han sido “abruptamente” desplazados por un “encerramiento” en la pareja, será adecuado revisar si ello es lo adecuado, especialmente si esta situación se extiende por mucho tiempo y no permite el desarrollo habitual e integral del sujeto.

III. Consejos a las mujeres

Por el bien de todos (no solo de la propia familia, sino, al cabo, del mundo entero), la primera responsabilidad de una esposa es conservar despierto y vibrante el amor del marido hacia ella: ¡al marido hay que seducirlo cada día!, como ya dije; conviene mucho ingeniárselas para que caiga en la cuenta de que más allá de los compromisos y éxitos profesionales o sociales, su mujer es el mayor bien que Dios le ha otorgado y el medio fundamental e imprescindible para conquistar la propia plenitud y la consiguiente dicha... y, en el caso de los creyentes, incluso la santidad.

Puede que el incremento de las obligaciones y preocupaciones, la atención a los hijos o al trabajo profesional, obliguen a la mujer a distanciar y acortar los ratos de exclusiva dedicación a su esposo. La solución podría estar, más que en la cantidad de tiempo que le consagre, ¡que siempre debería ser el mayor posible!, en los pequeños y reiterados detalles que exigen algún esfuerzo pero manifiestan el cariño.

Por ejemplo, cualquier esposa habrá de interesarse por el trabajo de su cónyuge, por sus proyectos y por sus dificultades profesionales, por sus aficiones. Con la discreción y prudencia oportunas, no debe desentenderse de ámbitos tan importantes para su marido como normalmente es la profesión o los restantes que he enunciado. Si lo quiere de veras, es lógico que le interese cuanto a él le interesa, entusiasma o preocupa, incluido, si es el caso, con o sin esfuerzo, el equipo de fútbol.

A modo de «decálogo».

Quizás a alguna le pueda ayudar el releer de tanto en tanto el siguiente «decálogo para la mujer»:

1. Quiere a tu marido también cuando otro hombre te parezca más comprensivo, más educado, más atento, más divertido... o incluso simplemente más elegante o más guapo.

2. No estropees la relación con él por cosas que en un momento te pueden parecer importantísimas --el orden y la limpieza de la casa, en los que también él debe sentirse responsable, o incluso tu carrera profesional, si trabajas fuera del hogar--, pero que en realidad y a la larga y en fin de cuentas, no lo son tanto.

3. No lo asaltes en cuanto llega a casa, atosigándolo con tus problemas --profesionales o familiares--, aun cuando durante todo el día hayas estado esperando, lógicamente, la ocasión de desahogarte con la persona que más quieres y mejor te escucha y comprende.

4. Prepárale su plato preferido cuando intuyas que lo necesita (o deja que él os lo prepare, si le gusta..., a pesar del desbarajuste que pueda organizarte en la cocina): el marido se gana también a través del estómago.

No es falta de romanticismo ni de delicadeza... ni menos aún una especie de «juego sucio», sino puro sentido común y conciencia clara de la intimísima unidad del ser humano, el tener en cuenta estos aspectos

5. No lo atormentes con excesos de celos, no lo ofendas con tus dudas (evita incluso imaginarlas), no seas irónica.

6. No te engañes, pensando que con otro hombre es posible mantener una relación de simple amistad... incluso íntima, sin correr el riesgo de ser infiel a tu marido; ni, mucho menos, te «diviertas» jugando a «interesar» a otros hombres.

7. No te lamentes confidencialmente con un amigo de los defectos de tu esposo, porque éste podría ser el primer paso hacia la deslealtad: ¡los amigos resultan siempre tan comprensivos!

8. No exageres las contrariedades ni finjas un excesivo dolor, para inducir a tu marido a hacer lo que deseas. Decirle con sencillez lo que necesitas o simplemente te hace ilusión constituye una muestra de confianza, que él te agradecerá y os unirá más todavía.

9. Cuida tu aspecto externo. Aunque pueda sonar a broma, y ciertamente está expresado con humor, el rostro se asemeja mucho a una obra de arte, que con el tiempo tiene necesidad de una amable restauración.

Por eso procura no presentarte nunca ante tu marido como no lo harías ante una conocida dispuesta a juzgar de tu belleza. Y conténtate y sé feliz, más conforme pasen los años, con gustarle a él: no aspires a gustarte a ti misma --eres tu crítica más exigente-- ni admitas comparaciones con tus amigas o con otras personas de tu mismo sexo.

10. No envidies a las otras mujeres, ni siquiera interiormente, ni pongas como ejemplo a sus esposos. Harás que el tuyo se sienta fracasado, que es una de las cosas que más duelen y peor soportan los varones. (La conversación entre las dos esposas del púgil y el manager protagonistas de Cinderella Man lo refleja con una brevedad y precisión casi insuperables).

Tomás Melendo Granados
Catedrático de Filosofía (Metafísica)
Director Académico de los Estudios Universitarios sobre la Familia Universidad de Málaga
Colaborador de Mujer Nueva


Hellmuth Petsche, especialista de la Universidad de Viena en cuestiones de la actividad cerebral, efectuó electroencefalogramas en veinte mujeres y hombres cuya profesión era la interpretación simultánea y constató diferencias básicas entre ellos y ellas en la manera de escuchar, comprender, traducir y hablar.

Las mujeres trabajan más con el hemisferio derecho del cerebro, competente para la creatividad y musicalidad, y que funciona más bien de modo integral, asociativo y emocional.

Los hombres, por su parte, recurren más veces al hemisferio izquierdo, al que se atribuyen las facultades del pensar lógico y analista, la escritura y los cálculos.

Las mujeres tienen más capacidad intuitiva para interpretar las señales comunicativas en otras personas cuando hablan y, en unos ensayos con vídeos, acertaron más veces cuando se trataba de comentar los sentimientos que expresaban los actores de escenas observadas sin poder escuchar el diálogo.

El investigador comenta que los cerebros de hombres y mujeres incluso se desarrollan de manera distinta, en parte debido a las hormonas, por lo que las niñas aprenden a leer más fácilmente que los niños, mientras que ellos están más dotados de fuerza de imaginación para concebir espacios y para las conclusiones matemáticas.

Otra explicación de estas características, proveniente de la psicología social y la lingüística, se halla en que los dos sexos son educados de manera distinta y por ello tienen estilos diferentes al hablar.

Las chicas suelen usar frecuentemente afirmaciones indirectas como "no podríamos...", "no estaría mal si...", las preguntas breves para confirmar su punto de vista como "*no te parece?", o recurren a la retórica para hacerse entender, mientras que el estilo masculino es más bien directo y dominante.

En vez de enfrentarse con él a punta de pistola verbal, con un "qué te pasa, hombre, háblame por fin", los especialistas recomiendan esperar para que se preste a la conversación un momento favorable, dando un paseo juntos o durante cualquier actividad compartida que fomente un ambiente relajado.

Fuente: LaTercera / Tendencias
EFE

¿Cómo quererse?

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Quiero aprender a oírte sin juzgarte,
Quiero que me enseñes a opinar sin darte consejos,
Quiero que aprendas a confiar en mí; sin exigirme,
Quiero enseñarte a ayudarme sin intentar decidir por mí,
Quiero aprender a cuidarte sin anularte,
Quiero que me enseñes a mirarte sin proyectar cosas en ti,
Quiero que aprendas a animarme sin empujarme,
Quiero enseñarte a abrazarme sin asfixiarme,
Quiero aprender a sostenerte sin hacerme cargo de ti,
Quiero que me enseñes cómo protegerte sin mentiras,
Quiero aprender a acercarme a ti sin invadirte,
Quiero que aprendamos a aceptar las cosas del otro que
más nos disgustan, tanto como para no pretender cambiarlas,
Quiero que hoy, después de lo aprendido yo de ti y tú
de mí, seamos capaces de elegirnos otra vez sin condiciones.

Jorge Bucay


Para el hombre es una buena idea el vivir juntos y, aunque puede que sea bueno para los dos, no se habla necesariamente de matrimonio.

Es común escuchar que los hombres huyen del compromiso y que son las mujeres quienes pelean por los ramos e indican quién será la próxima novia cuando van a un matrimonio. Al parecer esta apreciación no está tan errada.

Según una investigación realizada por la profesora de sociología de la U. de Michigan (EE.UU.), Pamela Smock, experta en temas de convivencia, esto tiene una explicación: las mujeres tienden a ver la cohabitación como un paso previo al matrimonio, mientras que sus parejas lo definen como algo que tienen que hacer antes de cualquier tipo de compromiso.

Parte del proceso

Esta conclusión es corroborada por expertos chilenos, quienes ven en la práctica cómo se da cada vez más esta diferencia de expectativas dentro de la pareja. "La mujer percibe el convivir como una parte del proceso hacia un proyecto de pareja; en cambio el hombre lo ve como el proyecto", confirma la psicóloga Marta Soto, docente de la U. Andrés Bello. "Lo que ofrece el hombre es mal interpretado por la mujer. Para el hombre es una buena idea convivir juntos y eso puede que efectivamente sea bueno para los dos, pero no se habla de matrimonio", añade la especialista.

Miedo al compromiso

Otro factor que influye en esta diferencia de expectativas es que el hombre actualmente, asegura el siquiatra de parejas Juan Ariel Zúñiga, "tiene bastante más temor al compromiso que antes. La convivencia se tiende a ver como algo mucho menos formal y deciden ese camino para, entre comillas, tener la misma libertad y sentirse un poco solteros, sin ningún compromiso legal y que los ate en forma definitiva".

Según Zúñiga, "los hombres tienden a ver los compromisos legales con consecuencias mucho más graves para ellos que para las mujeres. Los hombres hasta para pololear están escasos: incluso un pololeo lo sienten como mucho compromiso".

La psicóloga Marta Soto tiene una apreciación similar: "Yo creo que los hombres le temen al compromiso. La legalización implica estar juntos de otra forma, sobre todo en términos económicos, lo que implica comprometerse o proyectarse no individualmente y hemos generado una sociedad muy individualista, donde hay personas que tienden a velar por sus propios intereses". Agrega que la convivencia sostiene esa idea, es una cláusula de escape: "Es como decir podemos vivir juntos, pero yo me compro mi auto, mis cosas, mi departamento y tú te compras los tuyos".

Conversación previa

El tema de las expectativas debería discutirse antes de convivir, pero en la práctica, señala Juan Ariel Zúñiga, "cuando a los hombres los empiezan a apretar con el compromiso, a lo más llegan a transar con vivir primero uno o dos años y después nos casamos, pero esa promesa es un poco en el aire".

Marta Soto añade entre los conflictos que se dan está por ejemplo, "el que pase un tiempo, unos dos años promedio, y la mujer empiece a pedir la segunda etapa, que sería pasar al matrimonio y el otro se niega, porque nunca estuvo dentro de los planes", concluye.

Aída Worthington
Fuente: La Tercera


Silenciosa y lentamente, la imagen de un amigo, una conocida o colega de trabajo comienza a filtrarse en las ensoñaciones diurnas con una persona: lo agradable que sería salir con él o ella, darle la mano y, quizás, un ligero beso. Aparentemente no debiera haber problema con estas fantasías, a menos que la persona que las tiene esté casada o con una pareja estable.

De acuerdo con expertos estadounidenses en terapia de pareja, tener fantasías amorosas con terceros es sólo uno de los elementos que indica que algo anda mal con la relación y que, de darse las condiciones, se estaría al borde de una infidelidad. El primer paso es fantasear, el segundo recordar momentos apasionados vividos en el pasado y, finalmente, contactar a un antiguo amor o a la persona con la que se tiene ensoñaciones.

Ensoñaciones peligrosas

Esto se suele dar en las mujeres cuando están insatisfechas con su relación o cuando están experimentando problemas que no logran manejar: "En este caso, pueden surgir fantasías con un amigo o compañero de trabajo. Son ideas que las hacen sentir bien y que las 'rescatan' de la situación negativa que viven", dice el psicólogo de parejas Víctor Carvajal, del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile. En el caso de los hombres, indica, las fantasías pueden estar dadas por insatisfacciones, pero también por la simple presencia de una mujer que les resulta atractiva.

El riesgo está, por ejemplo, en que de los recuerdos de un antiguo amor se puede pasar fácilmente a ideas de una vida distinta: "La gente se comienza a preguntar cómo habría sido su vida con esa persona, se dicen que quizás habrían sido más felices y, de pronto, la vida ya no está completa si ese sueño no es hecho realidad", dice el siquiatra John Jacobs, terapeuta y autor del best-seller "Todo lo que necesitas es amor (y otras mentiras sobre el matrimonio)".

Parte del encanto, dice, está en que las fantasías hacen que la persona recuerde una época en la que estaba más joven, donde se vivían sensaciones intensas y había más libertad. Es por eso que este tipo de situaciones suelen darse en parejas que llevan mucho tiempo juntas, en las que se han instalado ciertas rutinas y donde, probablemente, la presencia de hijos ha restado tiempo a la intimidad de pareja.

Signos más profundos

Estas señales de alerta son el terreno fértil para una infidelidad cuando la pareja se encuentra viviendo una serie de situaciones. La primera y más clara es que ya no se plantean desafíos positivos y surge una suerte de fría condescendencia en todas las áreas: si uno de los cónyuges comienza a llegar siempre tarde o si prefiere quedarse en casa los fines de semana en vez de salir, y eso a la pareja no le importa, son señales de alerta. Lo mismo sucede cuando los cónyuges realizan todas las actividades juntos, mimetizándose al punto en que se piensan como una unidad.

No a la devoción

La dedicación de un miembro de la relación hacia el otro también es un problema.
La devoción hace sentir al otro observado e, incluso, que su espacio se satura con las atenciones de su cónyuge.
Lo mismo sucede cuando la vida del matrimonio gira únicamente en torno a los hijos y ya no existen espacios para mantener conversaciones íntimas.

Fuente: La Tercera
Fecha edición: 30-06-2005

Ellas, según ellos

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Ellas: un marco tan amplio como las mujeres, ellos: el actor Víctor Laplace y el músico Kevin Johansen. Dos hombres que trabajan de lo que les gusta y que se expresan a través de su arte opinaron sobre la pasión femenina.

Unos minutos de reflexión se toman Johansen y Laplace para hablar sobre ellas, ninguno quiere opinar por que sí nada más. "La pasión femenina es muy de frente", consideró el músico en diálogo con LANACION.com mientras que el actor Víctor Laplace sostuvo que el "apasionamiento femenino, asusta un poco al hombre".

El cantautor Johansen, argentino por opción y oriundo de Alaska, con una sutil y cálida manera de contar historias en el formato breve de una canción, dedica varios de sus temas musicales a amores, desencuentros y por qué no a desdramatizar algunas separaciones.

"Yo aprecio a la pasión de donde venga, cuando es muy frontal y cuando es sincera, porque puede ser una pasión desmedida exagerada... porque sí, y te toca a vos de casualidad porque te cruzaste", explicó, entre risas. Y agregó: "Creo que al contrario de lo que se supone 'que el varón que es más extrovertido y la mujer más introvertida', yo creo que la mujer se va más de boca y se desboca... El hombre tiene una pasión mas internalizada y es ahí cuando le sale un poco el artista".

Al hablar de grandes mujeres apasionadas, antes de aclarar que hay muchas, el cantante menciona a dos: Virginia Wolf y Violeta Parra, aunque no se olvida de hacer referencia a la argentina Eva Perón.

Por su parte, Laplace, que cuenta con más de 62 películas en su haber y varios programas televisivos y obras de teatro, no duda al nombrar a mujeres apasionadas a varias de sus compañeras de trabajo como Bárbara Mujica, Ana María Picchio, Soledad Silveyra, Sandra Ballesteros, María Rosa Gallo y China Zorrilla.

"Me gusta ver a mujeres apasionadas, con hombres al lado o sin ellos, que han resistido con pasión a través de los tiempos. Reconozco y veo parejas, de 20 años, de 30 años, que la han luchado, y me parece que la pasión es eso: la lucha cotidiana".

Azul Cecinini
Video

Johansen y Laplace opinan sobre las pasiones femeninas en LANACION.com


Por Rosa María Bañados O.

El enganche inicial

El amor nace sin que uno sepa cómo. Se dice que, en parte, es la igualdad la que hace siempre sentirse afines a un hombre y una mujer y, en parte, la desigualdad que existe entre ellos, lo que los hace tender a una mutua complementación. Esto significa que se genera una especie de "campo magnético". Se produce una atracción tanto física como espiritual. No es simplemente una "química" inmediata, sino algo más profundo y bello. De pronto, ambas personas toman conciencia de que entre ellas existe algo especial que los une.

la paradoja del amor.jpgEl autor Xavier Lacroix , reflexiona, en este artículo, sobre tres tipos de amor: la amistad, el amor eros y el amor ágape. Finalmente indaga sobre la fuente de donde viene ese movimiento que a la vez nos permite acceder a lo más profundo de nosotros mismos al mismo tiempo que nos conduce a otros.

NIVELES DE AMOR

Hay una singular diversidad de sentidos de la palabra amor, lo cual a menudo da lugar a confusiones.

El primer nivel es el placer, amar es encontrar gusto, experimentar placer al estar con una persona. El placer es una experiencia de armonía con el mundo o con el otro Pero tiene dos límites. Puede ser egocéntrico : es en mí, por mí, que siento placer, sobre todo si lo busco por si mismo. Y además puede ser superficial : podemos experimentar placer mientras lo profundo del corazón permanece indiferente.

Si ahora pasamos de lo sentido a lo resentido, el amor puede ser una emoción, es decir , una conmoción interna, un trastorno. La emoción es más interior que el placer ; puede disponernos a acoger al otro, puede ser, por ejemplo, maravillarse de algo, pero lamentablemente descubrimos que siempre es efímera y que también puede ser muy superficial. Se puede ir de emoción en emoción y no cambiar, no dar pasos reales en la relación con el otro.

El tercer grado nos abre mucho más a los otros : es el sentimiento. Es un apego, una afección, una ternura. No es algo que brota sólo del placer sino de la alegría. No es sólo goce, sino regocijo por la presencia del otro, por el sonido de su voz, por la luz de su mirada. Es algo más interior, pero aún tiene sus límites. El sentimiento también puede ser precario, frágil, inconstante. Del mismo modo que vino puede desaparecer, o incluso transformarse en su contrario, el odio. La búsqueda puede complacernos por nosotros mismos. Recordando su juventud tumultuosa, San Agustín dirá " Yo no amaba, sino que amaba amar".

El amor es también del orden de la acción, del consentimiento al otro. Es compromiso de la voluntad. El cuarto nivel es la voluntad, la voluntad es compromiso de todo el ser, es decisión puesta en práctica. Es el corazón del amor. La voluntad es el deseo más la decisión. Decisión de acordar prioridad al otro, de hacer todo para que él viva. Estos cuatro grados no se oponen , pero el cuarto es el más determinante.

Amar a alguien es gozar de que exista y querer que exista aún más tiempo. Hay gozo, alegría por la presencia ; hay también una vertiente activa que se configura en el servicio por la vida del otro.

AMISTAD; EROS; ÁGAPE

La amistad es como si una nueva dimensión se abriera a mí al momento en que descubro al otro y me siento reconocido por él. Amistad es más simple que una atracción. Es concordia, es decir, acuerdo de corazones, o siguiendo a Montaigne, " conveniencia de voluntades". Se apoya en lo que hay de mejor en cada uno para juntos perseguir un bien, un valor ; descubrir uno por otro, uno en otro, la verdad de nuestras vidas. Aristóteles definía la amistad por un término muy rico, la koinonia, es decir, la comunidad. Poniendo en común - por la palabra, por el don, por los actos de afecto - es la manera que se construye el lazo. La amistad cuida y respeta este, " entre" nosotros. Integra la distancia entre las personas.

El amor de deseo, en griego el amor " eros", es la forma que toca lo más íntimo de nuestro ser, ya que compromete la carne, el cuerpo vivido del interior y , especialmente, la sexualidad. El deseo es uno de los resortes más legítimos de las relaciones entre los seres sexuales que somos. Contribuye , por ejemplo , a hacernos percibir el encanto o la belleza de tal sexualidad. Porque compromete lo más íntimo de los cuerpos en su totalidad, hasta las fuentes mismas de la VIDA que hay en ellos. Este tipo de amor se traduce en gestos de donación, de abandono, de acogida mutua que encuentra su verdadero sentido en el contexto de una relación de don recíproco. El amor eros está llamado a tomar forma en una relación única que se construye a través del tiempo.

¿Que sería de todos aquellos por los cuales no experimentamos espontáneamente amistad, ni deseo.?

Se trata del amor ágape, término que traduciremos como caridad, amor fraternal, ya que consiste en amar al otro como un hermano o hermana. Es un amor de otro orden, un amor por lo desconocido, por el recién llegado, un amor en actos , que no se mide, generoso y desinteresado.

No se trata de experimentar sentimientos, sino de actuar como si los sintiéramos. El sentimiento no es algo que se gobierna, pero los actos si pueden ser mandados. Es por ello que el amor puede ser objeto de un mandamiento " Amarás a tu próximo como a ti mismo"

El sentido del mandamiento bíblico es más bien de descentrarnos para dar a la existencia del otro tanta importancia como a la nuestra, lo que no es fácil.

El amor es reconocimiento. Pero ¿De quien? ¿De que?. Cuando amo de verdad no solo descubro mi espejo en el otro. Reconozco en él, en ella, un ser diferente pero emparentado. No es un extranjero, sino una hermana , un hermano. Descubro en él , en ella la vida que brota y que al mismo tiempo nace en mí. Es en la vida, cerca de la fuente, el lugar donde nos reunimos. En términos de fe, reconozco en él, en ella , al hijo de un mismo Padre : Dios.

Siendo receptivos, sensibles a la escucha del don secreto de la vida de Dios, estaremos en condiciones de recibir la revelación de ese don, de ese tesoro que aparece en la mirada del otro y que me permito reconocer como hermano o hermana. Lo que amaremos en el otro , no será sólo el reflejo de nosotros mismos, ni el reflejo de él mismo, sino el reflejo de Dios.

El don recibido no es sólo interior, sino que implica actos. " Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". Amor que consiste en quitarse el manto y lavarles los pies, asumiendo la posición del sirviente, hasta dar la vida por ellos.

Lo maravilloso de esta revelación es que el mismo movimiento que nos permite acceder a lo más profundo de nosotros mismos es también aquel que nos conduce más allá de nosotros mismos. Volviendo a la fuente de nuestro ser somos , al mismo tiempo descentrados y empujados hacia nuestros hermanos. Y en movimiento inverso al salir de nosotros mismos, liberándonos del cómodo estar ligado a nuestro ego, nos lleva a la verdad de nuestro ser, ya que somos conducidos a descubrir y realizar una dimensión más auténtica de nuestra persona, más profunda que el yo y que la pesadez de nuestra vida psicológica. Al entrar en la dinámica de don , entramos en la dinámica de nuestra vida espiritual, que es lo más profundo de nuestro corazón. Accedemos así a la verdadera libertad. Nuestro yo es el primero de nuestras prisiones. Amando , somos liberados o, incluso aliviados del "yo".

No se trata de identificarse con su prójimo o de identificar al prójimo con uno mismo, sino de entender que amar al prójimo es ser tu mismo. Que tú eres tú mismo en el movimiento que te lleva hacia tu prójimo. Eres verdaderamente tú cuando te descentras para ir hacia el otro.

Nuestra vida verdadera no está sólo en nosotros, clausurada en nosotros mismos, sino que se encuentra y se realiza en el movimiento por medio del cual aceptamos ser desposeídos de nosotros mismos para darnos al otro. Nuestro centro de gravedad está fuera de nosotros, delante de nosotros.

Xavier Lacrix
Teólogo moral y decano de la
facultad de teología de Lyon
Revista Mensaje

 

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