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    Vida Matrimonial
    Subido por Beatriz Letelier el 19 de Junio de 2004

    Me he preguntado muchas veces por el secreto de una vida matrimonial acertada, feliz, exitosa. Cuando veo a amigos míos casados u otros con decenas de años de matrimonio en el cuerpo, me pregunto dónde se encuentra la llave de su acierto. Aparentemente no tienen nada que no tenga el resto. No se ven mas inteligentes o despiertos. Gente normal, casi del montón. Así y todo cargan una historia común mágica, misteriosa, única, irrepetible. Cuando pareciera que el naipe familiar se desmorona, la realidad nos dice otra cosa. La mayoría de los matrimonios resulta, terminan su historia en una vejez unida, a pesar de los avatares y dificultades que se les han presentado en el camino. Y todo esto, sin lograr cimas tan altas de perfección. El secreto quizá es que no hay secretos ni fórmulas enrevesadas. Es la vida misma, con todo su encanto, la que les regala esa magia de la unidad. Su camino común los lleva por fuerza a decantar el cariño mutuo en el quehacer cotidiano, cargado de momentos dulces y amargos y sin evadir las dificultades inherentes a él.

    Poco importa que dos personas no sean iguales, tengan los mismos gustos, e incluso ni siquiera importa si tienen las mismas aspiraciones. Lo de verdad importante es saber manejar estas diferencias cuando surgen, sacar de ellas algo positivo, revertirlas con ingenio en gozo compartido.

    Entre otros, imprescindibles en la canasta matrimonial resultan la comunicación, el cuidado del uno por el otro y la reflexión personal sobre lo que viven en común. Sobre la bendita comunicación se ha escrito muchísimo. En las parejas jóvenes se ubica entre las expectativas altas. Cuando pololean o están de novios, creen que conversarán la vida entera. Y es de lo primero que naufraga. Olvidamos que en el matrimonio hay un uno por ciento de amor y un 99 por ciento de voluntad. Y esto de comunicarse, con todo lo que implica, exige bastante más de voluntad de lo que se piensa. Lo que no se busca conscientemente no se va a dar por arte de magia. La reserva de espacios para el diálogo exige las más de las veces tomar la agenda, si no se quiere que todo quede en fantasías.

    El tiempo permite decantar costumbres comunes y pulir el alma de gustos antojadizos. Lleva a la pareja a centrarse en lo esencial de la vida en común, restando importancia a lo que la aleja de su centro. Una vida matrimonial satisfactoria resultará de proyectos compartidos, donde el mundo construido por ambos se confunde con el propio, enriqueciendo éste con una gama de posiblidades mayores. La apelación a "mi espacio vital" a la que se recurre tanto, lleva al desencanto por lo que exige equilibrarse con gustos compartidos a conciencia.

    Hacerse pequeños favores ayuda más de lo que se cree. Eso sí, se debe ser cuidadoso ante la exigencia solapada de vivir esperando cada vez más del otro. El amor que se alimenta de regalos siempre está hambriento. Terminamos midiendo el amor por lo que recibimos y no por lo que damos.

    Así y todo, el amor requiere un reconocimiento en signos visibles. Minimizarlos lleva a banalizar los gestos sencillos de que se nutre lo cotidiano. Sin darnos cuenta, podemos llegar a ser muy despreciativos de esos signos imperceptibles de atención y apoyo. A veces vale más asumir la compra del supermercado, que un costoso regalo de cumpleaños; renunciar al tenis para acompañar a los hijos, que un fin de semana soñado.

    El pan, en lo sustancial, se sigue haciendo como hace cientos de años. Otro tanto en el amor matrimonial. Al final, las viejas recetas se terminan imponiendo.

    Padre Hugo Tagle-Moreno
    Para: Todo Mujer
    (derechos reservados)


    Respuestas, comentarios, consultas y opiniones recibidas
    Enviado por Nora el 30 de Agosto de 2004

    Me gustó éste artículo, no soy casada pero cuando lo sea quiero hacer las cosas bien y quiero que la persona que esté a la par mia se sienta orgulloso de mi y de él, si tuviera algun otro articulo de como mantener el amor compresión y ese compromiso que se adquiere.
    Gracias que Dios lo bendiga


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