Por Paulina Bañados
Psicóloga
Siguiendo con la temática iniciada en la edición anterior, queremos adentrarnos en una de las problemática que se presenta cuando se comienza a mantener una relación en forma estable con una pareja determinada.
“Tu eres lo único importante en mi vida” es una frase del pololeo en el que hay una natural acentuación de la exclusividad. El pololeo, por definición, es una relación exclusiva con el tú. Ese tú pasa a ser todo para nosotros. Nada existe fuera de él. Estamos “extasiados”, “fijados” en la otra persona, hasta tal punto que, a veces, no logramos salir de ese éxtasis. Considerando que inicialmente es natural esa acentuación de la exclusividad, existe, sin embargo, el peligro del encerramiento exagerado. Se olvidan entonces, los estudios, el trabajo, la familia, los amigos, etc. Por eso, esta etapa no debiera prolongarse más allá de lo necesario.
Por otro lado, hay personas que “acaparan” al tú, que los desconectan de su realidad, de sus responsabilidades y de su mundo de relaciones. Sucede incluso a veces que sistemáticamente se separa a la otra persona de todas sus amistades con el fin de retenerlo para sí en forma egoísta.
Todo esto exige una maduración del amor y de la relación.
Ese “yo” que hay tras ese “tú” exclusivo
Cuando se genera una relación de pololeo se ponen en juego dos individualidades particulares, las cuales para llegar a ser lo que son en este encuentro han recorrido caminos propios, a veces muy distintos uno del otro, a veces, algo similares. Pero aún en el caso de existir similitudes, por definición, cada ser humano es único y distinto de otros.
Cada uno se distingue,. y conforma una “constelación” irrepetible. Desde la apariencia física, el color de los ojos o de la piel; sus características de personalidad, sus habilidades, sentido del humor, capacidad intelectual, sensibilidad, gustos y preferencias. Así también la familia en que se ha nacido y la cultura en que ha sido formado, todo ello, hay ido contribuyendo a hacer de cada sujeto un ser único.
Y al llegar al momento de descubrir a un “tú” con quien se forma una relación de pareja, se llega también con toda esa individualidad, la cual está en un permanente desarrollo por la interacción con diversos ámbitos. Al interior de estos ámbitos el sujeto va forjando su propio “yo”. Ha sido en la relación con dichos diversos ambientes en los que se han ido generando intercambios que han permitido que el sujeto sea lo que es hoy y que es ahora una de las partes de una la relación de pareja.
Es a través de los múltiples encuentros y demandas de la vida diaria se va perfilando el sujeto actual y produciendo su crecimiento y desarrollo como persona. Y, es este sujeto con las múltiples dimensiones de su vida, quien se presenta al otro “yo”, quien, a su vez, se aproxima con su propia historia personal.
Será importante entonces poner atención a cuáles han sido nuestros ámbitos habituales de interacción: la familia, amigos, estudio o trabajo, deportes, espiritualidad, ayuda social u otros, en los cuales hemos participado y a través de los cuales nos hemos ido desarrollando y reconociendo como personas. Y si nos damos cuenta que muchos de ellos han sido “abruptamente” desplazados por un “encerramiento” en la pareja, será adecuado revisar si ello es lo adecuado, especialmente si esta situación se extiende por mucho tiempo y no permite el desarrollo habitual e integral del sujeto.
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