“....también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: así termina esta frase del Padre Nuestro.
“Perdón”: se trata de una palabra simple, de sólo seis letras, pero con un gran poder a la hora del amor, aunque a veces no simple de hacer realidad.
Somos seres humanos con muchos dones y cualidades, pero también con defectos y debilidades que a pesar de nuestro querer, interfieren en nuestras relaciones con los demás, una y otra vez en nuestro diario vivir.

Cuando hablamos de relación de pareja, hablamos de instancias de intercambio a distintos niveles: conversar, caminar, recordar, construir, acompañar, intercambiar puntos de vista, opinar, sugerir, relatar hechos del quehacer laboral, reir, visitar a otros, divertirse, jugar, rezar, llorar, callar, escuchar, esperar, apoyar, aceptar, agradar, admirar, compartir, soñar, planear, disfrutar, acariciar, observar, besar, responder, acoger, sorprender.... y tantos momentos más que van alimentando el camino de a dos. Pero a la hora de conversar o interactuar puede ser que no siempre estemos con la mejor disposición hacia el otro por múltiples factores, aún cuando nos guste estar con nuestro ser querido, a veces podemos generar algún disgusto en el otro.
También puede ocurrir que, sin quererlo, uno no responda a las expectativas que el otro ha fijado en uno, a partir de sus anhelos personales. Y es así que ella espere una palabra o un gesto particular, pero él no lo dé y ella experimente, entonces, sentimientos de frustración.
O puede que él anhele una mayor preocupación por parte de ella en un tema que a él le interesa, pero al que ella no ha puesto mayor atención.
Es recomendable para mantener despejadas y próximas las relaciones de pareja, aprender a clarificar y compartir con el otro mis expectativas: qué espero y cuán importante es para mí un tema en particular, ya que de lo contrario, a través de ese “desajuste” de expectativas puede que provoque algún daño a quien esperaba más de mí, y de ser así, será hora de comprender que con mi actuar le puedo causar un dolor al otro, que será importante reparar.
El llamado es estar atento “a agradar” al otro. Cabe preguntarse si estamos ocupando palabras adecuadas en la relación, o si en ocasiones podemos ser algo agresivos o descorteces quizás; cabe preguntarse si me he retrasado en un compromiso asumido: en una hora de llegada o de llamada. Pueden ser cosas pequeñas, sutilezas, detalles... o de mayor envergadura como actitudes de molestia o irritabilidad por no asumir correctamente las formas de ser del otro, de su vestimenta, del desorden en su habitación, la forma inadecuada que trato a un tercero, su forma de conducir el auto, sus inseguridades, sus limitaciones personales, etc.
Y al darnos cuenta que nos hemos equivocado, es la hora de ser humilde y pedir perdón, a través de un gesto, de una aclaración, de una palabra, pero más allá del medio, el valor está en la profundidad de esa solicitud de perdón, reconociendo el propio error y el daño que hemos causado.
Y también es hora de aprender a perdonar, a aceptar una disculpa honesta y a no guardar rencor. Del lado que estemos, será importante acogernos recíprocamente y recordar que hemos estado o que podemos estar en la situación contraria, y contar con que hay una intención de enmendar y no ha habido una intencionalidad de ofender. Y la ocasión que es causa del perdón ha de ser motivo de crecimiento y de enriquecimiento de la relación: desde donde sacar experiencia hacia delante en el cuidado del amor.
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