Por Paulina Bañados O.
Psicóloga
Empiezan a pasar los meses y pareciera que con más velocidad que cuando el año recién comenzó, en los cuales teníamos el descanso de las vacaciones, el entusiasmo de un nuevo año y muchos proyectos que comenzar.
Ya estamos en el trimestre final. Tenemos un cansancio que se empieza a notar y el calor que va acompañando nuestros días. Si bien es cierto que es parte de la realidad, también es oportuno estar atento a que estas condiciones externas no “aplasten” nuestro andar y nuestro andar de a dos.

Es necesario estar alertas, para no dejarnos llevar por lo que ocurre sólo fuera de nosotros, sino también dentro. Y en ese sentido que seamos capaces de hacer algunos altos en el camino, para poder parar, mirar, admirar, escuchar, evaluar, compartir, recordar ...y no sólo seguir y seguir, y no sólo “asumir” o sospechar lo que otro debe pensar o sentir. Sino parar y preguntar, generar un espacio de conversación, detenernos y mirar. Cualquier suceso, el más sencillo, puede ser mirado con los ojos del corazón y con los ojos del corazón de cada uno. Como ya decíamos en nuestra reflexión de abril, “es verdad que nuestra vida está llena de actividades, pero cada una de ellas provocará un efecto distinto en cada miembro único e irrepetible de la pareja”. A veces dejamos pasar oportunidades preciosas para profundizar en nuestra relación de pareja, temiendo que algún comentario no vaya a ser valorada por el otro o preferimos dejarlo para un “después”… lo que se suele esfumar.
Es en ese detenerse en el que se da un encuentro de opiniones, de emociones, es donde nos vamos enriqueciendo y conociendo… más allá del calor o del calendario. Detenerse ante un paisaje verde o ante un pararito que llamó la atención, ante una noticia que me removió en lo más íntimo; ante la simplicidad de un gesto, ante el logro de un proyecto o ante el fracaso de otro: ¿cómo lo vivo?; ¿cómo lo vivimos los dos?. O si nos enfrentamos a un error, a un acierto o a una historia del pasado ¿Como vivimos una ilusión que no se cumplió? ¿Somos capaces de reconocer el lado bueno de algo "aparentemente" no ”tan bueno” a primera vista?, pero que pueda ser que nos reporte un momento de encuentro, un momento de ayudarnos, de escucharnos, de apoyarnos, de impulsarnos a seguir; de conocernos más.
Entonces la idea es no pasar sólo “sobrevolando” los hechos que nos toca enfrentar o recordar, sino atesorar nuestras vivencias como oportunidades de las cuales poder sacar un fruto, de las cuales poder escuchar al otro, conocerlo y reconocerlo.
Y ¿cómo hacerlo? De una forma muy simple, pero que por simple puede hacerse compleja. Sólo es necesario detenerse por un rato con la intención de dedicar minutos a conversar, pero conversar de cómo veo y siento yo esta situación, cómo te sientes tú ante esta dificultad; cómo nos sentimos ante esta sorpresa que nos tocó vivir juntos. ¿Qué sentí ante ese comentario? ¿Cómo lo podríamos haber hecho mejor? ¿En qué nos equivocamos para que pasara lo que pasó? O ¿cuál fue la receta para que saliera todo tan bien como salió y que nos hayamos sentido tan bien los dos? ¿Por qué ésto te dolió tanto? … y así muchas preguntas más…
Muchas veces no es fácil; ocurre que hay plazos que cumplir, que hay notas que poner, enfermos que visitar, @mails que responder, libros que leer, películas que ver, amigos a quienes invitar, compras que hacer, tragos que ir a tomar, noticias que ver, exámenes que preparar, trámites que hacer o... así un sinfin de muchos compromisos y actividades, en su mayoría de valor, pero que si no estamos atentos nos pueden invadir y no permitir cuidar el tesoro que creemos muy bien cuidado, pero que tenemos que día a día alimentar.
Entonces, la invitación es a ...parar y no permitir que el tiempo se pase sin que hayamos cuidando nuestro camino de a dos, más allá del clima o del mucho quehacer.
Leer más en sección: Relacion Hombre Mujer
Revise bien las consultas y respuestas dadas en el sitio ya que están muchas veces repetidas. Gracias.