Novedades en la categoría Se tu mujer

BEA CON SOBRINOS LIRA LETELIER.JPGCinco minutos son suficientes para saber si estás en condiciones de aprobar esta asignatura, que es de las que cuentan para entrar en el Reino de los cielos.

SUSPENSO a las madres que enseñan a sus hijos a vivir la "discriminación racial" entre pobres y ricos. Por ir contra el Evangelio.

SUSPENSO a las que educan a los niños como si el día de mañana pudieran tener sirvientas. Por ingenuas.

SUSPENSO a quienes sólo se interesan en que los chicos vayan "pasando" los exámenes. Por despreocupadas.

Tantas respuestas como aristas tiene el problemático síndrome de la supermujer. En Estados Unidos, la autora Peggy Downes Baskin entrevistó a varias mujeres ejecutivas de Silicon Valley, y concluyó que la mayoría había postergado su vida familiar para dedicarse completamente a su trabajo.

Esta sería la opción más extendida en Chile, según la opinión de la socióloga Andrea Bagnara: “las mujeres visibilizan que es muy difícil poder conciliar la familia y el trabajo, por lo que postergan la familia, para alcanzar primero logros en sus trayectorias laborales”. Esto se vería en el retraso de la edad de las chilenas para contraer matrimonio que se ha visto en la última década.

Sin embargo, la economista española Nuria Chinchilla tiene una propuesta completamente distinta, que asegura, ha sido probada en la práctica. Ella parte de la base que “la familia afecta a nuestro trabajo de modo distinto, dependiendo de si planteamos la vida familiar como un recurso o como un problema”.

Nuria Chinchilla está empeñada en probar que es posible y mucho más rentable enfocarla como un recurso, para ello hace referencia a encuestas que dicen que la vida familiar equilibra la vida del empleado.

En Chile, un estudio de la Escuela de Administración de la Universidad Católica demostró que las políticas de conciliación de familia y trabajo aplicadas en las empresas aumentan la productividad entre un 11 y un 16%.

Para lograrlo, Chinchilla propone el modelo de “empresa familiarmente responsable”, en el cual es la persona y su rendimiento, y no las horas de presencia, el valor central de la empresa. Es decir, los logros ya no tienen tanto sentido como la calidad del trabajo que puede aportar una persona.

Pero esto no pasa sólo por una política de la empresa, sino también el propio trabajador debe estar atento a los llamados “ladrones de tiempo”, estos son: “no saber delegar”, “no saber decir que no” y “saber abdicar temas importantes”.

También existen “leyes sobre el tiempo” que es bueno tomar en consideración y que son:

- El tiempo que requiere una tarea crece en proporción al número de veces que la hemos interrumpido y reanudado”.
- Programar y/o realizar una tarea larga supone dificultades muy superiores a las que plantea una corta. Esto nos obliga a cerrar tiempos de agenda razonables y realistas.
- No caer en el perfeccionismo. Poner tiempos límites para la realización de tareas susceptibles de mejoras.

Un ejemplo de que esta opción es posible es el que expone Lidia Heller, directora de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en Gestión de Organizaciones, analizando la situación de las mujeres ejecutivas en Argentina: “un número importante de mujeres que logran llegar al tope son casadas y han tenido hijos desde los inicios de sus carreras. No interrumpieron sus carreras y los problemas con sus parejas se negocian permanentemente, aunque ellas siguen siendo las principales responsables de la organización del hogar, delegando las tareas domésticas y de cuidado de los niños en personal altamente calificado. Una ejecutiva de una empresa petrolera afirmaba: “Yo creo que sin mi trabajo no me sentiría completa, pero sin mi marido y mis hijos no sería feliz; por eso creo que hay que ir equilibrando la balanza todo el tiempo”.

Entonces, ¿se puede tenerlo todo?”. Para Lidia Heller la respuesta es positiva, pero con reparos: “Sí, creo que se puede tenerlo todo, pero no al mismo tiempo y con el mismo grado de exigencia, y esto requiere cambios en las relaciones familiares y sociales. Hasta que no democraticemos los roles domésticos, será muy difícil encontrar el equilibrio”.

Es decir, más allá del esfuerzo propiamente femenino está el trabajo que debe hacerse con las costumbres arraigadas en los hombres. Lidia Heller dice: “Deben hacerse esfuerzos especiales por insistir en la parte de responsabilidad del hombre y promover la participación activa de los hombres en la paternidad responsable, la participación y la contribución al ingreso familiar; la educación de los hijos, la salud y la nutrición: y el reconocimiento y la promoción de que los hijos de ambos sexos tienen igual valor. Las responsabilidades del hombre en la vida familiar deben incluir la educación de los niños desde la más tierna infancia. Es importante considerar que estas cuestiones implican cambios profundos, que van más allá de decidir quién lleva los niños al colegio o se hace cargo de las compras en el supermercado, es averiguar de dónde procede la resistencia al cambio. El trabajo asistencial es costoso. Los hombres son reacios a asumir responsabilidades que reduzcan sus ingresos profesionales, igual que lo son a trabajar en ocupaciones que están peor pagadas que la mayoría de las típicamente masculinas”.

Mujeres que viven alteradas

“En estos últimos años las mujeres cambiamos mucho.
Antes, sólo estábamos obsesionadas
por conseguir un marido.
Ahora además, estamos estresadas
por exigirnos logros profesionales,
trastornadas por la culpa que nos provoca la maternidad
y desesperadas por combatir la celulitis...!!!”
Maitena, dibujante argentina.


"Luchamos en el trabajo, con los hombres, nuestro cuerpo, los amigos, las madres… toda una serie de cosas que irremediablemente nos alteran y nos llevan a un estado en el que se pasa de la euforia a la depresión profunda en apenas 15 minutos". De esta forma Maitena da la perfecta definición del estado de muchas mujeres en la actualidad, es lo que en el mundo angloparlante llaman “síndrome de la supermujer”, y que en este hemisferio ella ha preferido denominar como “mujeres alteradas”.

En el libro de cinco tomos del mismo nombre, Maitena se ríe del prototipo de mujer que define como “aquella que libra las mismas batallas día tras día y sin descanso”. A nivel internacional, la serie ha superado el millón de ejemplares vendidos.

Todos coinciden en que uno de los puntos que explican este éxito editorial es la identificación que provoca este retrato en viñetas de la mujer contemporánea. Es que este es un problema que ya no afecta sólo a un selecto grupo de mujeres que han ascendido profesionalmente, sino a muchas que se han sumado al ideal de la mujer autosuficiente y capaz de hacer las cosas bien tanto en el trabajo como en la casa.

Supermujeres débiles de salud

Ciertamente es algo muy común que las mujeres nos angustiemos por cualquier cosa, a ello contribuyen incluso las propias hormonas cuando nos encontramos en el periodo premenstrual. Pero esto ya se transforma en algo patológico cuando en todo momento se siente que debe hacerse todo a la vez, y de manera perfecta.

Sue Barton, sicóloga del Departamento de Familia del UC Davis Medical Center de Estados Unidos, explica que, por definición, las “supermujeres” son personas a las que les cuesta delegar responsabilidades, “tienen altos standards y desean que las cosas sean hechas a su manera. Cuando otros hacen el trabajo de otra forma, ellas tienden a enojarse o decepcionarse porque piensan que ellas podrían haberlo hecho mucho mejor”, explica.

El resultado es el sufrimiento continuo al ver que no todo siempre va a salir bien, y que en el camino se sacrifican las propias necesidades por otras que se consideran más altas. Pero también hay consecuencias concretas en la salud, es así como el Consejo de Salud de las Mujeres de Irlanda reconoce que el Síndrome de la Supermujer puede traer perjuicios directos sobre el cuerpo, como debilitamiento del sistema inmunológico; o indirectos, como los provocados por el humo del tabaco que las afectadas fuman para aliviar la tensión.

Por otra parte, el nutricionista Juan Manuel Mancilla Díaz, de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha establecido también una relación entre males como la anorexia y la bulimia con el “Síndrome de la Supermujer”. Para el investigador, “la mujer es más sensible a la presión social que significa el síndrome de la supermujer, es decir, ser buena ama de casa, buena esposa, buena madre, trabajadora o estudiante, y, que para tener éxito en todas esas esferas, debe mantenerse esbelta para ser aceptada”.

En Chile, la socióloga de la Universidad Alberto Hurtado, Andrea Bagnara, explica que ya se pueden ver algunas consecuencias de las tensiones que ha provocado la incorporación de la mujer al trabajo como “altos niveles de stress y otro tipo de enfermedades de salud mental en las mujeres”, debido principalmente –explica- a que aún hay un desequilibrio respecto a la repartición de las tareas del hogar.

Factores que lo determinan

Para Gloria Steinem, escritora y feminista norteamericana, los elementos que se mezclan para formar el caldo de cultivo de las “supermujeres” son:
1. Los medios de comunicación: que retratan a mujeres en los trabajos de “cuello blanco”, en que imitan a los hombres, están vestidas para el éxito, y al mismo tiempo crían a niños perfectos, cocinan como verdaderos gourmets, y entretienen maravillosamente a todo el mundo. Ésta se ha convertido en la imagen de una mujer trabajadora para los medios. Las expectativas acerca de las mujeres siguen siendo tanto como una perfecta ama de casa, como la “nueva mujer profesional”.
2. El movimiento feminista: que al promover la igualdad entre los sexos impulsó a las mujeres a que trabajaran y creó buenas oportunidades de trabajo para ellas. Pero al mismo tiempo, las mujeres no han sido relevadas de su trabajo en el hogar, ¿y por qué consienten esto?, es lo que se explica en el punto número 3.
3. Las mujeres han sido socializadas para ser agradables: desde pequeñas se les enseña que deben hacer sentir bien a los demás, aún postergando sus propias necesidades.

En Chile, el sicólogo de la Universidad Alberto Hurtado, José Antonio Román, agrega otros factores propios de nuestra sociedad como “la socialización que tradicionalmente pone en la mujer la responsabilidad del cuidado familiar (esposo incluido). Por eso muchas mujeres sienten culpa por no poder dedicar el tiempo, las energías y otros recursos necesarios al cuidado de los miembros de su familia.”, explica.

Finalmente, la licenciada Lidia Heller, de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en Gestión de Organizaciones, dice que “la mayoría de las carreras profesionales siguen basadas en las pautas del "modelo masculino": realizar un trabajo profesional, competir con pares, construir reputación, desarrollar una carrera en los primeros tramos de los ciclos vitales (25 a 35 años), minimizar las cuestiones familiares, reuniones extensas.

Las mujeres que se incorporaron a la vida pública, adoptaron ese modelo y esas pautas que no se han modificado, sin relegar ninguna de las restantes actividades: el cuidado de los hijos, enfermos y ancianos, mantener la belleza, ser buenas amantes y además excelentes profesionales, con total exigencia que esto implica.

Siempre ten presente que la piel se arruga,
el pelo se pone blanco,
los días se convierten en años...

Pero lo importante no cambia; tu fuerza y
tu convicción no tienen final.

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una partida.
Detrás de cada logro, hay un desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.

Si extrañas lo que hacias, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas.....

Sigue aunque todos esperan que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en tí.

Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.

Cuando por los niños no puedas correr, trota,

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón

¡¡¡¡ PERO NUNCA TE DETENGAS !!!!!!!

(El Mercurio, Chile, 2006-07-06)

trabajo5.jpgLa ingeniera comercial Cecilia N. (34) se preparó toda una vida para trabajar de 08:30 a 19:00 horas, no tenía idea de mudar o bañar, pero estaba tranquila con su maternidad. De regalo le llegó el "Larousse para Padres" y el "Duérmete niño", además salió de la clínica con "nana" puertas adentro y enfermera particular por tres semanas. El golpe vino cuando ésta se fue: "Sentí una angustia irracional, incertidumbre a lo desconocido, a hacerme cargo de un ser impredecible. Pasé de ser una mujer fuerte a andar llorando en pijama".

En una sociedad donde la mujer se ha preparado para competir de igual a igual con el hombre, las historias de Carolina se repetirán. Una encuesta Mori (2005) a 600 santiaguinos mostró que al 61% de las mujeres jóvenes (18-25 años) lo que más les importa es su carrera, por sobre tener hijos. Otro sondeo de Comunidad Mujer, en 5.000 mujeres, halló que su mayor preocupación (43%) es el trabajo o la dificultad para encontrarlo.

"Las mujeres se han vuelto inseguras por la multiplicidad de roles que desempeñan. Al tener que rendir en varios frentes es normal no ser tan eficientes en todos", dice el psiquiatra Enrique Jadresic, especialista en salud mental femenina.

Instinto femenino

Por lo demás, "las mujeres que profesionalmente son muy exitosas, tienen muchas veces que sacrificar ciertos aspectos femeninos y es probable que sientan dificultades en la esfera afectiva", agrega la sicóloga de la Universidad Católica dedicada al tema de apego, María Pía Santelices. Eso hace difícil conciliar la maternidad con el trabajo.

¿Será que se está perdiendo el instinto materno? ¿Por qué tanto manual de autoayuda?

En absoluto, coinciden los expertos. Todas las mujeres cuentan con un componente biológico que las capacita para acoger al recién nacido. Con el parto y la lactancia se libera ocitocina, hormona que, entre otras funciones, favorece la sensación de placer en el cuidado del hijo.

"No es que algunas mujeres tengan menos instinto, sino que quizás se han acostumbrado a controlar más su entorno (teniendo dinero o poder)", dice Jadresic. Y al embarazarse, a veces se sienten inseguras porque se ven en una situación donde no controlan nada. Quienes son dueñas de casa, en cambio, suelen ser más dependientes, por lo tanto aceptan mejor la falta de control que implica el embarazo y la llegada de un niño".

Para la sicóloga tampoco puede desconocerse el nuevo contexto socio-cultural, y que no pasa sólo por lo laboral. Hoy existe el tema de los derechos del niño y la sicología también lo mira desde temprana edad como un ser que puede tener patologías. Todo esto, "sumado a que ahora se planifica la cantidad de hijos que uno desea, hace que las expectativas dadas al rol de mamá sean más demandantes y la hagan sentirse más exigida".

Por último, "si además ven que surgen manuales, talleres, etc., no es raro que venga un sentimiento de insuficiencia", afirma el doctor Jadresic.

En todos los estratos

No es sólo un tema de las madres-profesionales "top". María Pía Santelices y un equipo de sicólogos realiza talleres para promover la sensibilidad materna y el apego seguro en embarazadas de la red de salud UC (San Joaquín y Puente Alto). Iniciativa que nació por la necesidad detectada por los equipos de salud, pues las mamás están requiriendo un apoyo más personalizado en el embarazo y crianza.

Ser una mamá poco conectada con las necesidades del hijo no generaría trastornos en el desarrollo del niño siempre que éste establezca un vínculo de apego seguro con otro ser significativo (papá, abuela, nana, etc.). Aunque sí le pasa la cuenta a la díada madre-hijo: "Si la madre está ausente en los primeros años de vida puede que no se constituya en figura de apego significativa para el niño y a futuro el lazo sea más distante", dice la sicóloga.

Los especialistas recomiendan estar atentos si la situación pasa a mayores, si la madre simplemente no logra empatizar con su hijo o se siente demasiado agobiada; entonces sería tiempo de pedir ayuda profesional. Cecilia lo hizo y hoy está feliz de llegar de su trabajo a bañar o dar de comer a su niña.

Lo ideal es que los talleres o libros sobre maternidad acompañen, pero no intervengan tanto con directrices rígidas que no dan cabida a la subjetividad. "Las madres ojalá oigan su voz interna, lo que creen que es mejor para el hijo", dice Santelices.

Un buen intento en el ejercicio de la maternidad es conectarse con la propia experiencia infantil y rescatar las cosas que fueron positivas para uno.

Habilidades esenciales

El concepto de madre "suficientemente" buena implica ejercer ciertas funciones. Ojalá integrarlas sin perder naturalidad, pero si no resulta, no amargarse; otras personas pueden sustituir en alguna de estas tareas.

Sostén: capacidad de sostener física y emocionalmente al bebé en todo momento y estados de afectividad e impulsividad.

Cuidado: cuidados concretos y reales del bebé (muda, baño, etc), y estando en sincronía con él (mirarlo, acariciarlo, etc).

De espejo: La mirada de la madre le devuelve al niño su propia imagen (mostrarle caras de sorpresa, repetirle sus balbuceos).

Contención emocional: ponerse en su lugar, empatizando con sus emociones y traducirlos al lenguaje del niño.

Familia y trabajo

La investigadora del Centro Internacional de Trabajo y Familia de la U. de Navarra, Nuria Chinchilla, realizó esta semana una conferencia sobre estos dos mundos, en la que mostró -a partir de un estudio propio en 30 países- que las competencias más valoradas en las empresas se aprenden precisamente ejerciendo el rol de madre o padre. Éstas son algunas: liderazgo, iniciativa, toma de decisiones, trabajo en equipo, empatía, capacidad de comunicar, saber entregar y recibir "feedback".

Diversos estudios han mostrado que las mujeres que trabajan viven más satisfechas que las que están todo el día en casa. Los especialistas coinciden con la hipótesis, pero en la medida que haya un equilibrio; se necesita también de una legislación y de empresas que favorezcan la dualidad de roles.

Fuente: Mujer Nueva



La madre es el primer artífice de la historia del hombre. Su influencia es fundamental en la vida familiar, económica social y cívica.

Responsable junto con el padre de la procreación, la madre ejerce con él, en el seno de la familia, una acción educativa decisiva. La influencia de la madre sobre la familia se proyecta en la ciudad, la vida nacional e internacional. Sus dones particulares de mujer , implican un aporte basico sobre el plano cultural, económico social y civil.

Ella funda las bases mismas de los valores espirituales y morales de toda civilización. Estas realidades inscriptas en la esencia profunda del ser humano, definen la misión de la madre en la familia, así como la misión irremplazable de la familia en la sociedad.

Desde esta óptica fundamental, las normas de acción del MMM (Movimiento Mundial de Madres) son las siguientes:

- Igual al hombre, en su calidad de persona, la mujer debe ser libre en la elección de su vida y decidir sobre su propio matrimonio. Ella debe tener la posibilidad de desarrollarse de manera integral, con el respeto absoluto de su personalidad, dentro del marco de su vida conyugal y en la maternidad.

- La organización de la vida familiar y social, al igual que toda la educación que prepare a las mismas, debe tener en cuenta esta igualdad esencial entre el hombre y la mujer, así como las diferencias específicas correspondientes a sus vocaciones complementarias.

- La unión de los esposos en su matrimonio y la fecundidad de esta unión son decisiones de indole privada segun su propia conciensa, sin que puedan ser objeto de imposiciones o de impedimentos de parte de las leyes, de instituciones políticas o de la organización económica.

- La madre encuentra en y por la familia legítima y estable el medio propicio para asegurar su felicidad, la de su marido y la de sus hijos. Esto permite la conservación del patrimonio cultural familiar que se inscribe de este modo, en el marco de una solidaridad fraterna entre los pueblos.

- Es generalmente en la familia y en pricipio a través de la madre, que los hijos reciben la educación a libertad y aprenden las responsabilidades inherentes a su vida personal, familial y social. Los organismos privados o públicos deben prolongar y complementar -no reemplazar- la educación dada por la familia.

- Es en función de estos compromisos asumidos frente a su esposo e hijos, que la madre debe poder eligir libremente su actividades ya sean profesional es o de otra indole con independencia de toda presión y condicionamiento económico y social.

En consecuencia, es indispensable promover en los diferentes países de la comunidad mundial, el reconocimiento concreto, ya sea en la opinión pública, en las leyes vigentes y por intermedio de las instituciones, de la misión de la Madre en el mundo.

Para mayor información sobre MMM visita: Movimiento Mundial de Madres

Movimiento Mundial de Madres - Chile
Nombre: Elizabeth Bunster Ch.
E-Mail: ebunster@rdc.cl
Cargo: Presidenta

Dirección: Av. Las Condes 9792 Of. 503.
Teléfono: 56-2- 371 3967
Fax: 56-2-371 3967
Comuna: Las Condes


Te has hecho alguna vez las siguientes preguntas: ¿Qué significa para tí el arreglo personal? ¿Para quienes te vistes? ¿Consideras que el vestirse es un verdadero arte? ¿Naces elegante o aprendes a serlo?¿Qué significa la moda para tí? ¿Qué es para tí el pudor? y ¿Qué me dices de la forma en que te maquillas? ¿lo haces para cubrir lo que no te gusta o para destacar lo mejor de tu belleza? Reflexiona por un momento en torno a estas preguntas.

* Construir un espacio para el desarrollo en pareja


"¿Qué es ser una madre moderna?", se pregunta la siquiatra Mónica Bruzzone. Ella la define como una mujer con una vida propia, en que la maternidad ha pasado a ser una más de sus múltiples facetas: de ser sólo madre y dueña de casa, ahora también es trabajadora y participante activa de una constante interacción con otros.

La primera etapa de la maternidad, sin embargo, demanda una madre a tiempo completo, llevando a un segundo plano el desarrollo laboral y también el afectivo. Aquí es donde aparece el primer desafío, según la especialista: retomar la importancia de la pareja en sacar adelante un proyecto de vida que han comenzado juntos. Debe aprender a cuidarla, "pero no en el sentido de tomarle la mano y no dejar que mire para el lado. Es pensar en la relación, ponerle cabeza. Preguntarse: ¿cuándo fue la última vez que estuvimos solos?, ¿qué cosas gratas hacemos? Lo mejor que le puede pasar a un niño es que sus padres sean una pareja estable".

Cómo construir este espacio, si los dos trabajan a jornada completa y su tiempo de convivencia se remite a las noches y los fines de semana, es una tarea difícil. "La mujer tiene que ser creativa. Yo les propongo una idea: cuando un hijo vaya a una fiesta, en vez de mandar a un radiotaxi a buscarlo, ¿por qué no hacen hora yendo al cine, o van a tomarse un trago, y después pasan juntos a buscar al niño? Ése es un buen espacio para compartir. No tienen que ser grandes ni costosos panoramas".

No realizar este ejercicio trae consecuencias a corto plazo: "Los hombres lo sienten, lo viven como un abandono. Y eso tiene que ver con dos piedras en los zapatos de las mujeres: la falta de tiempo y la deuda de estar todo el día fuera de la casa, una culpa que ellas sienten que pagan mucho más los hijos que la pareja. Pero la vida en pareja es tan importante como la de los hijos, porque todo en la vida es más fácil de a dos. Las mujeres que crían solas a sus hijos llevan una tremenda carga sobre sus hombros, que va mucho más allá de tener que mantenerlos", asegura Mónica Bruzzone.

* Lograr comprometer a la familia en ser moderna

"No se puede ser mamá moderna en una familia no moderna", sentencia la sicóloga Isidora Mena. Ninguna mujer puede aspirar a cumplir bien su rol si su marido y sus hijos la demandan como si el 100% de su vida girara en torno a la casa y las labores domésticas. Por eso, el desafío de esta mujer "es conversar con su marido cuál será la estructura familiar, ver quién hace qué cosa, que todos asuman responsabilidades. Es absolutamente equivocado tratar de ser una mamá moderna cuando el marido le pide que le sirva la comida y le traiga las pantuflas, porque entonces se va a producir una batalla campal. En vez de mamá moderna, ésa va ser una mamá estresada".

En este estancamiento, Isidora Mena achaca cierta responsabilidad a las propias mujeres, a quienes aún les falta trabajar con sus familias y con ellas mismas para cambiar el paradigma. "Esto no es llegar y cambiar el sistema. Las mujeres aún tenemos inmadurez en este punto: no hemos aprendido a delegar lo suficiente, tendemos a usar el mismo esquema con el marido e hijos que cuando no trabajábamos. Entonces trabajamos por dos, andamos estresadas, no usamos bien el tiempo y terminamos victimizándonos. Las mujer tiene mucho poder en la casa, y si empieza a trabajar tiene que delegar ese poder, no sólo tenerlo ella".

* Aprovechar bien el tiempo

Muchas mujeres sienten que el poco tiempo que les queda no pueden invertirlo en sus hijos, más aun si no tienen ayuda en las labores domésticas. Aflora en ellas el sentimiento de que no están ahí cuando las necesitan; que el reducido momento que comparten lo usan para regañarlos más que para afianzar la relación.

¿Cuánto tiempo debería dedicarse a los hijos? "Se sabe que entregarles mucho no es bueno, porque los satura y les coarta la autonomía", sostiene la psicóloga Isidora Mena. "Pero también la calidad de ese tiempo tiene que ver con la cantidad, y ésta, aunque varía según la edad del niño, nunca es el mínimo. Pero con las condiciones laborales de este país, eso es lo que al final se entrega".

Para lograr maximizarlo, hay que ocupar el tiempo en conocer profundamente al hijo. "No es que uno se ponga a escuchar la música que ellos escuchan, pero hay que saber de qué se trata. El acercamiento madre-hijo es un vínculo que se crea desde que se sale del posnatal y se vuelve a trabajar. Por eso, hay que preocuparse más de ellos el fin de semana, y menos de que todo esté limpio y perfecto", enfatiza Mónica Bruzzone.

Pero tampoco hay que caer en el error de convertir estos espacios en un momento de evasión de conflictos y endiosamiento del niño, herramienta que muchas madres ocupan para calmar la culpa que sienten. "Es inevitable que se produzcan roces: que apaga la tele, que lávate los dientes, que estás castigado por no hacer las tareas... Eso no es una pérdida de tiempo, es precisamente parte de la crianza, porque la frustración es necesaria para el desarrollo de los hijos: fortalece el yo, se aprende a postergar el deseo y a tolerar la incertidumbre".

* Establecer rutinas dentro del hogar

Una forma de afianzar la relación filial y darse el tiempo para conocer a los hijos es establecer rutinas entre ambas partes. Una de las más importantes y recomendadas, sugiere la siquiatra Mónica Bruzzone, es que todos coman juntos en la noche, "aunque uno esté muy cansada o haya tenido un día fatal. Eso no importa. Se come todos los días juntos y punto. Hay que tener una hora de comida en que todos se sienten, donde todos se enteren de lo que le pasó al otro durante el día. Debe ser una hora apropiada para que los niños se puedan acostar a una hora razonable". Reconoce también que es uno de los desafíos más difíciles de cumplir por parte de las mujeres. "Es mucho más fácil que la nana le dé comida a los niños, los deje bañados y uno los vea acostados. Pero el costo emocional para ellos es tremendo".

Isidora Mena también recomienda tener rutinas de contacto durante el día, como llamarlos desde la oficina a una hora determinada para preguntarles cómo están, si necesitan algo, enviarles un beso, pero no para intentar solucionar los problemas a distancia. "No hay que llamar para que la nana o la abuela acuse al niño y ella tenga que retarlo por teléfono. Eso se conversa en la casa", puntualiza. En los niños más chicos, además, este contacto a distancia es indispensable. "Hay que hacerse presente, llamar hasta al más chico, aunque aún no sepa hablar, para que escuche la voz de la mamá. Con ellos no hay que perder el contacto, porque lo que no ven, no oyen o no tocan, para ellos no existe", advierte Mónica Bruzzone.

* No delegar lo indelegable

"Parece obvio, pero no lo es. No se puede delegar la construcción de la relación madre e hijo, que pasa por conversar, por conocerlo, por saber qué es lo que le pasa, por enseñarle cosas, por contarle cosas de uno", dice Isidora Mena. Por eso, hay actos que la madre debe tratar de no postergarlos ni encomendárselos a otras personas.

El principal, según la especialista, es amamantar, y tratar de seguir haciéndolo aún después del período del posnatal. Pero también hay otras instancias, especialmente cuando los niños son más chicos, que hay que saber aprovechar para estrechar el vínculo. "El período de lactancia es súper importante para el apego de la madre y el hijo. Aunque la madre no pueda darle pecho, es importante que le dé mamadera, que lo acurruque, que le saque los flatitos, lo haga dormir. Que eso no lo haga otra persona, porque es durante la primera infancia cuando se produce el principal vínculo de apego, de autoestima y de querer y respetar al otro. Mudar a la guagua se puede delegar, pero también conlleva otros gestos de cariño, de sobarle la guatita, de pasarle el algodón suavecito, que son importantes que lo haga la madre y no otra persona".

* No aspirar a la perfección

"Una mamá que aspira a la perfección está fregada", dice Mónica Bruzzone, y acuña el término del psicoanalista y pediatra Donnald Winnicot para graficar cuál es el desafío de las madres modernas: "Aspirar a ser suficientemente buena, una mamá que no aspira a ser perfecta, que acepta sus limitaciones y se piensa a sí misma con su hijo. Es una madre que está disponible para él, pero no de forma incondicional, sino que es capaz de poner límites y decir ahora me toca a mí". Es una madre que tolera que el hijo se enoje con ella, que no le da en el gusto en todo. Por ejemplo, no les hace las tareas a sus hijos, sino que les enseña a organizarse y a que desarrollen su autonomía, y les ayuda en esa búsqueda. Pero si tienen una duda, tampoco les dicen pero si usted es inteligente, estudie, sino que les abren la mente".

La madre ideal existe sólo en los cuentos, y así lo entienden también los hijos. "Ellos buscan esencialmente sentir que su mamá se preocupa por ellos y los quiere. No importa que lo haga mal en aspectos formales. Sí que sea capaz de contener sus ansiedades", apunta Isidora Mena.

* No abandonarlos por el trabajo

Ambas especialistas coinciden en que una madre debe evaluar muy bien su salida del hogar, si lo hace por necesidad, por desarrollo personal o por una presión social detrás. También debe ser capaz de poner límites a su jornada laboral, de tal forma que ésta no termine absorbiéndola en desmedro de su pareja e hijos. Isidora Mena ejemplifica: "Si una mujer trabaja sin límites para tener dos televisores en vez de uno, el riesgo de dejar abandonados a sus hijos es grande. Y si la mamá les falla, el resultado puede ser terrible: los niños comienzan a reaccionar con rebeldía, se portan pésimo en la casa, de tal forma que la mamá no sabe cómo podrá seguir trabajando. También les va muy mal en el colegio. Todos esos son mensajes para decirle a la mamá que vuelva a la casa".

* Dejar atrás las culpas

Una gran parte de las mujeres, en mayor o menor grado, siente culpa por salir a trabajar, por no poder compartir a tiempo completo con sus hijos, por llegar cansada en la noche muchas veces sin la paciencia ni el ánimo para atenderlos. El desafío, según las especialistas, no es acabar con la culpa, sino transformarla de persecutoria a reparatoria.

Explica Mónica Bruzzone: "La culpa persecutoria hace que la madre encuentre todo malo, que diga mi situación es terrible, dejé a los niños botados, les pueden pasar cosas espantosas. Esa mamá llega a la casa y los niños se convierten en su principal amenaza, porque le recuerdan la culpa. En cambio, si uno siente culpa reparatoria, igual se siente culpable, porque le habría gustado estar con los niños, pero no lo toma tan terrible, porque sabe que no los ha dejado botados, se preocupa desde que se tomen su leche todos los días hasta de formarles hábitos".

"Si sientes en el fondo de tu corazón que no tienes que trabajar, no lo hagas", agrega Isidora Mena. "Si uno se siente culpable es terrible, porque hace mil cosas para compensar: sobreprotege, regala cosas, y eso lleva a deteriorar la relación madre-hijo".

* Desarrollar una vida propia

Uno de los desafíos clave para dejar de lado la culpa es, precisamente, algo que en muchas mujeres aumenta este sentimiento: darse un tiempo para sí misma. Un espacio que, según Mónica Bruzzone, es fundamental para la salud mental de la madre, y a la larga también de los hijos.

Que la madre pueda darse un momento de distensión le permite cambiar el switch y bajar la tensión que le produce su rol en el trabajo y con sus hijos, frente a los cuales siente que no puede mostrarse débil. "La mujer debe darse ese tiempo para desarrollar su lado lúdico, juntarse con las amigas a tomarse un café. No todos los días, pero sí por lo menos una vez al mes, y avisarle al marido para que llegue más temprano, o, si no existe marido, hablar con una hermana, una abuela, para que cuide a los niños. Lo importante es que no se prive de algo que también necesita".

Para la mujer es de vital importancia sentirse acogida dentro de un grupo de pares. "Para los niños ella tiene que ser grande, responsable, consecuente, eficiente, cariñosa, pero, ¿cuándo es chica ella? ¿en qué lugar se puede reír de una lesera? Todo lo que es bueno para ella también es bueno para los hijos; si no, la vida se hace muy fome".

* Reencantarse con la familia y con ellas mismas

No es que la mujer moderna se haya desencantado con la maternidad; sí lo ha hecho con las condiciones en que debe desarrollarla, en un contexto en que muchas veces no recibe apoyo del resto de los miembros de la familia, ni menos de la sociedad, donde las leyes laborales no favorecen ni estimulan un espacio para que la mujer pueda dedicarse a la crianza de los hijos.

Tanto Isidora Mena como Mónica Bruzzone coinciden en que si hay alguien con quien se desencantan las madres es con ellas mismas, porque sienten que no pueden cumplir con las expectativas que se han forjado. Como resultado, acota Isidora, "les baja la autoestima, trabajan mal, deprimidas y enojadas con ellas mismas. Sienten lata de ir al trabajo y muchas contradicciones internas".

Todo esto es producto de su ansiedad por la perfección. Por eso, más que aspirar a la familia perfecta, hay que reencantarse con lo que se ha logrado y con lo que aún se puede hacer en cada día. Mónica Bruzzone es muy clara cuando sentencia que el desencantamiento tiene como causa la intolerancia: "La maternidad por sí no desencanta; basta ver a las madres adolescentes - el escenario, creo yo, donde la maternidad se da en condiciones más adversas- , que, si son contenidas y apoyadas por otras mujeres más grandes, pueden llegar a ser muy felices. No es ser mamá ni la exigencia de la maternidad lo que cansa; es la exigencia de la perfección lo que hace que la mujer se desencante. Así, también puede ser un cacho la pareja, el trabajo... Todo es un cacho si yo quiero que resulte top one".

Fuente: El Mercurio, Chile / MujerNueva.org
Fecha: 2005-05-11

pon_de_moda_a_las_mamas_de_antes.jpgAyer vi en la televisión un programa especial para madres donde una mujer orgullosa de sus trofeos dijo que eso de que las madres se quedaran en casa ya no era algo de nuestro tiempo. Yo, que en ese momento guardaba la ropa limpia sentí que se dirigía a la audiencia, las madres en extinción que a las nueve o diez de la mañana estamos OCUPADAS en los quehaceres de la casa.

Es cierto que cada vez son menos las madres que trabajan en casa sin percibir salario, sin seguro de vida, sin pensión y por supuesto, con el peso de la crítica social de que las amas de casa dan cantidad de tiempo y no calidad de tiempo a sus hijos y esposo. No es para menos, ahora estamos despiertas a conocer nuestros derechos muy bien merecidos. Pero en el camino hemos menospreciado abiertamente la valiosísima labor que las madres de antaño realizaron.

Ahora son menos las mujeres que se quedan en casa a pesar de su título universitario o a pesar de que saben que se les puede pagar por hacer trabajos más sencillos que cuidar niños y administrar la casa además de todos sus quehaceres diarios. En casa son muchos los trabajos que se realizan, trabajos que se cobran cuando se trata de una empresa privada. Se de un manual de constructores donde hasta poner un clavo tiene precio. Pero estas madres no cobran por curar una herida física o una herida emocional. Ellas son psicólogas, enfermeras, maestras, fontaneras, electricistas, decoradoras, motoristas, cocineras, directoras de recursos humanos, administradoras de empresas, promotoras y otra cantidad de títulos cuyo desempeño solo ella realiza con gran profesionalismo por algo muy sencillo, TODO LO HACE POR AMOR , no por dinero, no porque alguien lo vea, no para que los demás lo reconozcan. Sin embargo, la falta de ellas cada vez se marca más en la sociedad actual.

Claro que es heroico el hecho de que muchas madres salgan de casa para colaborar con el sustento diario sino es que solo ellas cargan con esta agobiante responsabilidad. Pero también es heroica la madre que se niega a sí misma para dar todo en la casa.

Hoy el feminismo tilda de mujer esclava a la ama de casa y hasta consideran ofensivo que se les celebre el Dia de la Madre. No hay nada más desatinado. Estas mujeres no tienen trofeos que exhibir, no tienen un reconocimiento social por su ardua labor, lejos de eso es vista con malos ojos, porque "no lleva dinero a la casa".

Hoy el mundo se queja de una sociedad materialista y con serios problemas sociales como los embarazos en adolescentes, la drogadicción a tempranas edades y la delincuencia.

A la par de estos problemas hay dinero para callar el llanto con un juguete, un antojo material. De hecho, hay toda una industria que se dedica a estudiar el comportamiento del niño de hoy para inducir su consumo. Y se han dado cuenta de que los padres cada vez acceden con mayor facilidad a que los hijos se callen con algo material.

Esto es grave porque indica que no nos detenemos a reflexionar que lo que hace falta es tiempo para observar a los hijos y detectar cuando algo les molesta o cuando simplemente necesitan un poco de atención.

A ellas, a estas madres que no son perfectas pero se esfuerzan tanto y ejercen su profesión con tanto esmero les digo que son tan valiosas como los empresarios exitosos porque a ellos una madre muy probablemente les cuido de chicos. Les digo que no han pasado de moda, simplemente son joyas que no todos pueden gozar y que su valor aumenta a medida que pasa el tiempo.

¡FELIZ MES DE LAS MADRES!

Autor: Jennifer Barillas de Arriaza
Fuente: Colaboradora de Mujer Nueva
Fecha: 2005-05-06

Las modas van y vienen. Ropa, zapatos, peinados, lenguaje... Las seguimos para evidenciar que estamos al día, que formamos parte de una sociedad en cambio, y que somos capaces de apostar por lo diferente. Curiosamente ofrecen una pasajera seguridad.

Las modas triunfan cuanto mayor es el número de personas que las elige, y posiblemente triunfan porque se aprovechan del deseo profundo de pertenencia que cada ser humano tiene en su ansia de buscar aquello que le identifica como parte de algo más grande que él mismo. Pero hay una moda que no pasa, y que en el fondo sostiene a las demás: la moda de la verdad, del bien, de la alegría, de la belleza, del amor. En otras palabras, la grandeza y maravilla que esconde cada ser humano, por el simple hecho de ser lo que es, es la moda eterna que nos ofrece la verdadera seguridad personal.

 

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