Novedades en la categoría Se tu mujer

Por Daniela Bueno, Periodista

“Había que salir de alguna manera y yo me las rebusqué”. Esta podría ser el reflejo en una frase del espíritu de las jefas de hogar, mujeres que por diversas razones son el sustento de sus familias tanto en lo económico como en lo emocional. La Iglesia Católica las acoge y se hace cargo de su dolor profundo, pero la ley de divorcio recién aprobada las afectará, para algunos para peor, y para otros para mejor.

El último Censo las puso en el centro de la noticia: el 32% de los hogares de Chile está en manos de una mujer, quienes tienen a su cargo a 3,3 personas en promedio. Por ello, en diversas instancias sociales se ha reafirmado la necesidad de generar mecanismos de apoyo a este grupo que, además, está marcado por la pobreza: el 23,1% de los hogares pobres es sostenido por una mujer según la última encuesta Casen del 2000.

El Sernam se enfoca a este grupo de manera prioritaria. Además de tener programas especialmente enfocados para ellas, coordina acciones con el conjunto de servicios públicos a fin de que incorporen esta variable como un criterio de priorización de cobertura, cupos en programas, o asignación de beneficios.

La Iglesia también se ha preocupado de ellas: la Campaña Solidaria de Cuaresma de Fraternidad ha destinado sus fondos durante cuatro años al financiamiento de proyectos destinados a su capacitación, nivelación escolar, microcréditos y talleres para su desarrollo personal. Se ha logrado desarrollar cientos de proyectos que han beneficiado de 5 a 8 mil mujeres cada año (y por consiguiente familias) en todo Chile.

El mismo creador del banco de los pobres, Muhammad Yunus, ha remarcado la importancia de apoyar a las jefas de hogar: “si queremos superar la pobreza hay que atender a las mujeres – ha dicho- en la pobreza, las mujeres luchan más que los hombres”.

La soledad del poder

No es fácil para una mujer tomar las riendas de su hogar. Además de las dificultades económicas, están las profundas huellas sicológicas que les provoca una ruptura amorosa, la viudez o el abandono.

“En el caso de las separadas, se sienten muy solas y marginadas ya que antes llegaban a todas partes con su marido y sus hijos como familia, y después pierden el círculo social, dejan de ver a las mismas personas.”, dice Rosario Jiménez, secretaria pastoral de la Vicaría para la Familia y orientadora del Centro Pastoral de Familias Incompletas (Cepafi) de la misma entidad.

También está la dificultad para erigirse como autoridad frente a los hijos: “es que la autoridad paterna es muy necesaria – dice Rosario Jiménez- porque la madre no puede cumplir los dos roles, madre y padre tienen roles específicos”.

En definitiva, el quedar a cargo de un hogar es un proceso de aprendizaje a vivir de otra forma. Es por eso que en Cepafi se les enseña a perdonar, a curar las heridas y reconstruir la relación con los hijos. El apoyo está a cargo de mujeres que han pasado por lo mismo, y que una vez recuperadas, sólo quieren ayudar a otras a pasar la tormenta.

Una de ellas es Mabel Calderón, 45 años, cuatro hijos, se separó hace seis años. Su marido tenía problemas siquiátricos y de drogas que resultaron imposibles de superar. Tras la separación quedó completamente a cargo de sus hijos, para ello debió aventurarse en la elaboración y venta de cortinajes. “Me ví sola a cargo de una familia rota y eso fue bastante duro”, recuerda.

Mabel se había alejado de la fe, pero los problemas la hicieron reencontrarse con Dios: “la fe me sostuvo y me permitió mantener la esperanza -dice ahora- entendí que con Él era capaz de todo, que era cosa de tener paciencia. Tener la certeza de que Él sabía todo y lo permitía por alguna razón, me ayudó a pasar lo días más difíciles de mi vida”.

Ley de divorcio: la polémica unilateralidad

La Ley de Matrimonio Civil fue aprobada este año tras una larga discusión. Uno de los puntos más polémicos fue la posibilidad que se le entrega a uno de los cónyuges de terminar el matrimonio de forma unilateral tras tres años del cese de la convivencia. En este caso, una vez presentada la solicitud de divorcio por una de las partes, el juez tiene la obligación de concederlo.

Además, será el mismo juez en base a los antecedentes que les aporten las partes, quien determinará las reparticiones de bienes y las reparaciones económicas. Este es un importante cambio respecto a las nulidades que se realizan hoy, en que se negocian estos aspectos, y la mujer es la que casi siempre pide la mayor parte por el hecho de quedarse a cargo de los hijos.

Actualmente, cuando hay nulidad, no existe derecho legal a compensación económica para la mujer. Cuando es una separación de hecho, sí hay derecho a una pensión alimenticia (aunque según un estudio del año 97’ sólo el 10% de las mujeres pide pensión para ella, a pesar de que sólo el 35% percibía ingresos propios). Con la nueva ley de matrimonio civil la mujer tendrá derecho a una pensión si acredita que el cuidado de los hijos le impide encontrar un trabajo suficiente para su sustento o si tiene problemas de salud.

Para la Corporación La Morada, este es un avance importante: “en las nulidades pocas veces las mujeres tienen capacidad de negociación, es decir, sólo cuando pueden pagar a un abogado se hace efectiva su capacidad de pedir pensiones. Además están las mujeres que se quieren separar de sus maridos y éstos les imponen como condición para darles la nulidad el no pedir pensiones de ningún tipo”, dice Patsilí Toledo, abogada de la Corporación.

El instituto Libertad y Desarrollo tiene una visión distinta, argumentan la existencia de estudios sobre experiencias internacionales en que las mujeres han visto disminuidos los beneficios económicos que reciben cuando dejan de ser la parte negociadora. Aducen además que en Chile, la compensación que se le pagará a la mujer no tomará en cuenta variables importantes como la cantidad de hijos de los que debe hacerse cargo. Además, perderá sus derechos patrimoniales y hereditarios.

Si bien es cierto que esto último ya sucedía con las nulidades, a juicio del abogado Jorge Morales de la Federación de Familias del Movimiento de Schoenstatt, de todas formas será una desventaja para las mujeres que son abandonadas ya que al no poder apelar a la condición que les impone su cónyuge, se verán en la obligación, aunque no lo deseen, de llegar a un juicio para la disolución del vínculo, donde perderán los citados derechos.

Los promotores de la idea han dicho que las compensaciones económicas aseguran el bienestar de la mujer, pero Libertad y Desarrollo (LyD) ha rebatido que el 41% de las pensiones alimenticias no se paga, por lo que esos resguardos económicos no son tan efectivos. Además, la posibilidad legal de formar nuevas familias provocaría una mayor dificultad para que los hombres -principalmente de escasos recursos- paguen las pensiones, puesto que tendrán más obligaciones con su nueva familia. Esto, según LyD derivará en un problema económico del cual tendrá que hacerse cargo el Estado.

Autora: Tatiana Milstein

ser_madre_una_vocacion_de_nina_o_desde_siempre.jpgDesde que somos pequeñas nos transformamos en madres, "nuestros primeros hijos" son nuestras muñecas o monos de peluches, que pasan a dormir con nosotros, que nos preocupamos de alimentarlos, cuando jugamos con las "tacitas" que nuestros padres o un tío nos han regalado para nuestro cumpleaños, también nos preocupamos de salir con ellos, cuando vamos a visitar a algún amigo de papá y mamá, y no olvidar el paseo en coche. Así, sin darnos cuenta e inocentemente vamos desarrollando un sentimiento de maternidad y ternura.

Hoy, siendo madre, he comprendido qué significa esta labor tan linda y que Dios nos ha regalado.

Todos hemos sido hijos y cuantas veces hemos sido críticos con nuestra madre, nos peleamos, nos quejamos porque nos castigaron o no nos dieron permiso para salir, y cuantas otras ocasiones más han sido producto de malos entendidos. Y quien sufre con todo esto: la "mamá". Creemos que ella es injusta, que no nos entiende, pero que lejos estamos de ver la realidad.

Creo haber entendido todo esto cuando nació "mi pequeña", ahí entendí y me maravillé por haber tenido la madre que hoy tengo. Cuántas noches pasó en vela, cargándonos en brazos, para que dejáramos de llorar y estuviéramos tranquilas. Cuántas veces interrumpimos el silencio de la noche con un fuerte llanto para reclamar por la "papa" y cuantas otras, en que mamá no debió salir porque debía alimentarnos. Es así, como la madre, pasa a ser un actor anónimo en nuestro crecimiento y formación, nosotros aun somos pequeños para darnos cuenta o recordar todo lo que la mamá hace por nosotros. Esta ahí, siempre dispuesta a darlo todo, a renunciar a sus cosas por compartir un valioso tiempo con sus hijos, jugando, riendo, etc.

Muchas mujeres vivimos en la dualidad de ser madre y al mismo tiempo hijas. Pero no sólo debemos sentir un orgullo inmenso por ser madre y por todos los hijos que tenemos o mejor dicho, por la gran bendición que Dios nos mandó llenándonos de tanta felicidad. Por qué no sentir orgullo también de nuestra madre. Quien también ha sido, al igual que nosotros, en un momento de su vida, también hija; y que hoy junto con ser madre es abuela. Es de ella, de nuestra Madre, de sus ejemplos, que aprendemos a ser mamá. Cómo olvidar los cuidados que mamá hizo por la abuela, que fue capaz de renunciar a muchas cosas, por cuidarla, por estar ahí, presente, incluso en el lecho de la muerte. Es así como "mamá" nos enseña a ser buenas madres, usando el mismo ejemplo de María. Cuánta alegría sintió la Virgen a dar a luz, cuánto sufrió cuando su hijo se perdió en el templo, y cuánto dolor vio al ver morir a su hijo en la cruz.

Ser Mujer Hoy

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Esta sección se llama Se Tu Mujer, y es una invitación a tomar conciencia de la misión de lo que SER MUJER implica hoy. Hay urgencia en este llamado. Urge asumirse como un instrumento, como agente de cambio, como responsable de esta época, de este siglo XXI. Nos movemos en un mundo con tecnología, con intereses económicos, con globalización. Todo esto trae consigo confusiones valóricas, trae relatividad en los conceptos, atomización de los puntos de vista. Por eso lo más importante es definirse.

En medio de la marea de artículos sobre la Mujer que existe hoy, y que muestra la relatividad de las ideas, encontré un artículo basado en una investigación de una autora norteamericana, Joan Borysenko, donde se le hizo la siguiente pregunta a más de diez mil mujeres: "Si pudieras retroceder el tiempo de tu vida y usar mejor tu juventud, ¿Qué pedirías? La respuesta fue una: "Sabiduría para poder tomar decisiones, las que siempre afectarán a otros."

Mujer, Trabajo y Familia

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De acuerdo al último Censo 2002, en Chile un 46,7% de las mujeres entre 25 y 54 años participan laboralmente. Esta cifra es muy baja si se le compara con países desarrollados como EE.UU., Suecia, Dinamarca o Alemania que tienen tasas de participación laboral femenina del orden del 80% o más. Si se compara con otros países latinoamericanos vemos que es más baja que muchos de ellos.

¿Qué piensa la población con relación a si la mujer debiera o no trabajar en diferentes circunstancias? El encuestado promedio chileno está en una postura digamos intermedia, ni muy en contra del trabajo remunerado de la mujer ni muy proclive a éste. En general, las mujeres, los más jóvenes y los más educados están más abiertos que los hombres, los más viejos y los menos educados al trabajo de la mujer fuera del hogar.

En términos relativos, esto es, comparado con otros países, Chile aparece como un país poco proclive al trabajo de la mujer fuera del hogar. De los 24 países cubiertos (Encuesta mundial sobre Familia, ISSP, 1994), Chile ocupa el lugar 23; sólo Filipinas aparece como menos proclive que Chile al trabajo de la mujer fuera del hogar.

Chile también aparece como el país que más enfatiza los costos familiares asociados al trabajo de la mujer fuera del hogar en relación con los otros 23 países del estudio. Así, en Chile un 81% de los encuestados está de acuerdo con la afirmación “Considerando todo lo bueno y todo lo malo, la vida familiar se resiente cuando la mujer trabaja tiempo completo” y un 83% está de acuerdo con que “Es probable que un niño en edad preescolar sufra si su madre trabaja”.

¿Cómo facilitar el trabajo de la mujer fuera del hogar? Todos las medidas que tiendan a flexibilizar el mercado laboral sin duda ayudarían. También, como lo dicen los propios encuestados, una mayor disponibilidad de salas cunas y jardines infantiles y un mayor apoyo del hombre en las labores del hogar.

Por otra parte, cuando se observan las respuestas de los chilenos a preguntas que tocan ciertos temas valóricos ligados al matrimonio, la convivencia y el divorcio, Chile aparece como un país relativamente liberal. Por ejemplo, un 68% está de acuerdo con la afirmación “Es aceptable que una pareja conviva sin tener la intención de casarse” y un 76% está de acuerdo con que “El divorcio es generalmente la mejor solución cuando una pareja parece ser incapaz de resolver sus problemas conyugales”.

En estos temas no se observan diferencias de opinión entre hombres y mujeres, pero sí por grupos de edad y educación. Los más jóvenes y los más educados tienden a ser más liberales que los más viejos y los menos educados.

Para poder leer el artículo completo pincha aquí

Fuente: CEP

Mujer, Alma de Chile

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Autor: Ana María Rivas C.
Ilustración: Caminé Schultz

Mi_Chile.jpg"Estamos convencidas que todo lo que hacemos para llenarnos interiormente de Dios repercute en nuestro esposo, en nuestros hijos, y en todas las personas que nos rodean, determinan su felicidad y desdichas. Así mientras más crecemos en Dios, más podemos esperar y al mismo tiempo estamos conformando el destino de los nuestros", fueron las palabras del Padre José Kentenich durante una conferencia para mujeres, en el año 1950.

Gran tarea sobre débiles hombros fue la que nos legó este Padre, pero él sabía lo que decía desde su condición de profeta y padre. Como muy bien lo expresa la frase: "Del mismo modo que a través de una mujer entró el pecado al mundo, por ella también vendrá la salvación".

Este es el gran desafío para nosotras en este tercer milenio que comienza. Pero, nos preguntamos: ¿Qué significa realmente el hecho de llenarnos interiormente de Dios?

Nos encontramos de cara a este tercer milenio que comienza, rodeadas de grandes posibilidades. Hoy todo se sabe, todo se conoce, el hombre se ha apoderado del mundo y lo tiene a sus pies. Esto nos ha permitido llevar una vida cada día más cómoda y fácil, aprovechando todos los avances de la tecnología. El acceso a los bienes materiales es posible para muchos, contamos con televisores, computadores y teléfonos celulares que nos permiten comunicarnos inmediatamente con cualquier lugar, comida desechable, ropa bonita, en fin podemos disfrutar y hacer deporte para tener un cuerpo esbelto y saludable.

Sin embargo, toda esta exterioridad buena y placentera nos ha llevado a dejar de lado nuestra capacidad de detenernos y mirar hacia nuestro interior. Hemos ido perdiendo lenta pero profundamente nuestra humanidad, el sentido que tiene nuestra existencia, nuestra condición de seres naturales y espirituales.

Somos nosotras en nuestra condición de mujeres, esposas o madres, las que estamos llamadas hoy a dar una respuesta verdadera, a rescatar a este hombre que casi sin darse cuenta es tironeado y zarandeado y que fácilmente puede perder el norte o la brújula de su vida y después se lamenta. Es nuestra misión devolver el sentido de vida que nos llega cuando podemos experimentar que nuestra felicidad va más allá de las cosas externas y circunstanciales, ella brota de la capacidad más humana de todas, en el poder, con la ayuda de Dios, trascender a la realidad material.

Este es un desafío, pero también una tarea. Significa adentrarnos en la profundidad de lo que somos y así mirarnos con verdad. Reconocer todo lo que traemos, nuestras debilidades y miserias, junto a nuestras fortalezas y virtudes y ponerlas cara a Dios. No hacerle el quite a la realidad, porque la vorágine de la vida nos lleva a quedarnos en lo fácil entretenido y superfluo.

En este camino, nos encontraremos con dificultades, dolores y también muchas alegrías, pero sí tendremos la certeza que recibiremos las gracias necesarias para llegar a ese lugar de plenitud, de paz y de amor donde habita Dios y que se encuentra en lo más profundo de nuestro corazón.

Autor: Regina Vera
Fuente: El Mercurio, Chile / Mujer Nueva
Fecha: 2003-07-22

"Crié 12 años antes de volver a trabajar. Aunque elegí estar con mis hijos, empecé a sentir que había perdido mi carrera y que ya no servía para lo que había estudiado. Pero me armé de valor y comencé a ofrecer mis servicios. Pensé que lo peor que me podía pasar era que no me los compraran", dice Paula Ruiz (55), periodista.

Su caso es el de muchas profesionales que hacen un alto laboral. Mientras están fuera, el mercado de trabajo se hace más competitivo y tecnologizado y debido a su desactualizada experiencia, temen volver.

"La reinserción no es fácil. Implica todo un cambio para ellas y para sus familias. Pero estas mujeres tienen a su favor el tema familiar solucionado y una gran motivación por volver. En el caso de las que vuelven por necesidad económica, la motivación es aún más fuerte", comenta Janet Spröhnle, sicóloga y directora de la consultora laboral People and Partners.

Demandas moderadas

El retorno es más fácil cuando se permanece conectada con la profesión. "Hay mujeres que aprovechan la maternidad para hacer una pausa y repensar sus carreras. Saben que quieren volver en un tiempo determinado, por lo que mantienen sus contactos y tratan de capacitarse".

Cuando la persona se aleja completamente, no sabe cómo su forma de trabajar ha evolucionado, ni tampoco de los escenarios actuales de trabajo, explica la especialista.

Por lo mismo, debe estar preparada para partir como si fuera recién egresada con demandas de sueldo y cargo equivalentes. Sin embargo, la madurez que le han dado sus años de maternidad y su experiencia previa le pueden servir para ascender más rápidamente.

Fortalezas y debilidades

Un modo de conseguir trabajo es considerar la carrera como una empresa. "El trabajo es el producto, que es similar al de otros profesionales del rubro. Para destacarse hay que presentar una oferta que se diferencie a la del resto".

Para lograrlo hay que analizar las fortalezas y debilidades profesionales. Las primeras se potencian y las últimas se corrigen. Un problema común es la desactualización, que se supera leyendo sobre el área, haciendo cursos y capacitándose, por ejemplo en nuevas tecnologías como computación e internet.

La mejor forma de actualizarse y de dar a conocer la oferta de trabajo personal es a través de las redes de contactos. Si no se tiene una, se puede partir llamando a los ex compañeros de universidad.

Aunque se contesten los anuncios de trabajo publicados en diarios o en internet, el 90% de los puestos se obtienen por contactos, indica Janet Spröhnle. "Nadie consigue trabajo quedándose en la casa. Uno forma sus redes manteniendo una conducta social de conversación y conexión diaria tanto con la gente que uno conoce como con la que no conoce".

A su juicio, la profesional debiera tomar los dos primeros años de reinserción como una capacitación aceptando trabajos aunque no parezcan interesantes. Si su economía lo permite, puede considerar labores ad honorem un período. Así adquiere experiencia, conocimiento del mercado y expande sus redes.

Además la especialista aconseja partir gradualmente, ya que es difícil trabajar a tiempo completo cuando no se ha hecho por años. Así lo hizo Paula. "Ofrecía mis servicios a distintas empresas hasta que conseguí un reemplazo de verano en una. Luego me hice proveedora estable de esta compañía y después de cinco años me contrataron".

Energía acumulada

La profesional puede probar distintas modalidades de trabajo, por ejemplo, un empleo a tiempo parcial, siendo freelance para una empresa o para varios empleadores o asociándose en un proyecto pequeño con terceros.

La actitud personal es otro factor clave. "Si parte negativa y con poca confianza es difícil que le vaya bien. El entusiasmo y la motivación por volver ayudan a presentar una oferta diferenciadora. La actitud de 'quiero entregarlo todo a cambio de no mucho' es atractiva para el empleador", concluye la ejecutiva.

Paula aprovechó la energía acumulada en su casa para partir. "Mientras todos los que trabajaban estaban cansados, yo llegué con millones de ideas. Tomaba proyectos que ya no funcionaban y los ponía en marcha con perspectivas nuevas. Mi jefe me decía que mi trabajo era como apretar limones ya estrujados y sacarles jugo de nuevo".

Ser mujer en Chile

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lucia.jpgTexto - Lucía Santa Cruz
(El Mercurio – martes 24 de junio de 2003 – Ya / Páginas 22 –25)

Quiero proponer una serie de premisas, muchas de ellas políticamente incorrectas, todas discutibles con la idea de analizar, debatir, despejar eslogans, clichés y lugares comunes que de poco sirven para comprender nuestra realidad:

* Las mujeres somos biológicamente diferentes a los hombres y ello tiene enormes repercusiones en todos los ámbitos. También tenemos diferencias culturales enraizadas en la historia, las cuales no son necesariamente malas ni contradictorias con los aspectos biológicos, sino más bien armónicas con nuestra identidad femenina.

* Las mujeres no hemos sido necesariamente víctimas de la opresión injusta por parte del hombre. Y no todas las diferencias entre hombres y mujeres en el trabajo constituyen una discriminación.

* La mujer encuentra en la familia combinada con el trabajo no sólo una fuente de cansancio por la doble jornada, sino que encuentra también ahí su verdadera identidad contemporánea.

Pero, ¿qué es ser mujer?

Se suele proponer como postulado incuestionado la creencia de que la mayoría de las diferencias entre hombres y mujeres, y ciertamente sus roles y funciones, no responden a su naturaleza sexuada y a la originalidad de lo femenino y de lo masculino, sino que a diferencias de género; vale decir, que no tienen fundamentos naturales irrevocables, sino que han sido construidas culturalmente en forma artificial a través de la historia, en beneficio de los hombres, creando una discriminación de carácter sistémico en contra de la mujer.

Sin embargo, no todo aquello que ha sido culturalmente desarrollado a través de los tiempos es necesariamente malo o contradictorio con los aspectos biológicos. Por el contrario, suele existir una concordancia muchas veces perfecta entre los requerimientos de la supervivencia de la especie, en su sentido más amplio y complejo, y la creación por parte del hombre de las instituciones culturales más apropiadas para ello, las cuales, mientras cumplen su función en forma eficiente, perduran en el tiempo. Así, por ejemplo, el rol de la mujer en la maternidad y en el cuidado de los hijos no es una imposición arbitraria de la sociedad patriarcal que intenta que los "costos de la mantención de la especie" corran injustamente por cuenta de la mujer. Lo más probable es que estén ligados al vínculo especiaque ha unido por miles de años a la madre y el hijo durante el embarazo y la lactancia. Ello ha creado evolucionariamente una predisposición en la mujer para la consolidación y desarrollo de los lazos afectivos con el recién nacido.

Del mismo modo, antes de la revolución demográfica y de los métodos modernos de control de la natalidad las mujeres debían tener múltiples embarazos para asegurarse de que uno o dos de sus hijos llegaran a la adultez y aseguraran la sobrevivencia de la especie, por lo cual debían pasar gran parte de su vida - que era mucho más corta- dedicadas a la procreación. Finalmente, las condiciones necesarias para asegurar la sobrevivencia material eran más vinculadas a la fuerza física, y una división del trabajo racional recomendaba posiblemente una dedicación del hombre al mundo externo y de la mujer al mundo más privado de la familia.

Es más, las investigaciones más modernas tienden a señalar que los hombres son más agresivos, más competitivos, más preocupados con el estatus extrafamiliar y más orientados a los objetos que las mujeres. Ellos nos superan en las matemáticas, en las tareas espacio visuales y en la abstracción. Las mujeres, por su parte, son más verbales, tienen mayor intuición en la comprensión de las relaciones personales, tienen más paciencia, mayor facilidad para vincularse con sus hijos. Las razones de estas diferencias no pueden disociarse enteramente de elementos innatos. Los estudios de desarrollo fetal confirman las diferencias hormonales en el cerebro masculino y femenino; también existen diferencias anatómicas entre los cerebros de ambos sexos en aquellas estructuras relacionadas a diferentes comportamientos estereotípicos. En la mayoría de las civilizaciones que conocemos, el papel que la mujer juega en la reproducción de la especie, la identificó con el ámbito doméstico del cual pasa a ser dueña y señora, y al hombre, con el mundo público, como cazador y proveedor.

Sin embargo, la división tajante entre el mundo público, supuestamente dominado por el hombre, y el mundo privado, regido por la mujer, es un invento de la modernidad que se concreta con la revolución industrial que trae consigo el trabajo fuera de la casa por primera vez en la historia, pues hasta entonces la unidad productiva por esencia fue siempre la familia. Es así que el ideal de la mujer doméstica, dedicada a su casa mientras el hombre trabaja fuera del hogar, es sólo una creación del siglo XIX.

MUJER, ¿VÍCTIMA DE LA OPRESIÓN?

Es cierto que en nuestras culturas ancestrales las mujeres no tenían derechos civiles y estaban legalmente sujetas a la autoridad del padre y del marido, sin perjuicio de que, siendo la familia la unidad productiva por excelencia, el rol de la mujer en la economía no dejó de ser fundamental. La situación de subordinación entonces no es estática. De partida el cristianismo implica la introducción de conceptos revolucionarios en su concepción de las mujeres, al establecer la igualdad en dignidad como hijos de Dios. Es más, existe una dicotomía que es preciso revisar caso a caso entre la normativa legal respecto a la mujer y la práctica concreta. La historiografía moderna muestra múltiples ejemplos de cómo los esquemas normativos rígidos no son siempre acatados por la mujer y son sobrepasados por la realidad. No se trata solamente de rebeliones deliberadas frente a la sujeción, sino - como dice Sol Serrano- del uso de "vías paralelas y subterfugios para ejercer una influencia mucho mayor que la formalmente reconocida".

LA FAMILIA Y SU TRANSFORMACIÓN

La familia ha experimentado transformaciones históricas que modifican muchos ámbitos de su constitución y afectan, por sobre todo, la estabilidad del vínculo matrimonial. Por ejemplo, en el siglo XX la mujer invade el área de lo público y, junto con ello, el mundo privado se reduce en su extensión y también en la valoración social que concita. Estos cambios, que conllevan una alteración dramática en la relación de poder entre hombres y mujeres, han modificado sustancialmente la familia y sus instituciones fundamentales, entre ellas el matrimonio basado en la conyugalidad y en la indisolubilidad.

Y Chile, ciertamente, no permanece ausente a estas tendencias de cambio. Es así que un resumen del último censo nos muestra que las personas se casan menos, tienen menos hijos, permanecen solteras más tiempo, muchas más mujeres que antes procrean sin vínculo matrimonial, se separan y se anulan más y conviven más que hace 10 años. Esta situación refleja la transformación más sustantiva experimentada por la familia en los últimos siglos, que es la difuminación del lazo conyugal.

Evidentemente las transgresiones a las normas establecidas respecto al matrimonio monógamo e indisoluble han ocurrido siempre en la forma de concubinatos, adulterios, etcétera. Lo que es nuevo, sin embargo, es la sustitución del matrimonio como la unión permanente entre un hombre y una mujer por otros tipos de vínculos más precarios y efímeros; la procreación sin vínculos de conyugalidad y, como consecuencia de eso, una extensión generalizada de la monopaternidad.

En otras palabras, la reproducción se realiza al margen de las estructuras familiares y significa, en la práctica, la ausencia de padre en el cuidado, mantención y educación de los hijos, con todas las graves consecuencias sociales que este fenómeno trae consigo. Sin embargo, el hecho que interesa es que las tendencias, aunque incipientes, son parecidas a las del resto del mundo y auguran un destino similar al que experimenta la familia en otras latitudes.

LA OPCIÓN POR EL TRABAJO

Las mujeres nos hemos ganado - ayudadas por los cambios económicos que ha traído la tecnología, como asimismo por la expansión de los ideales de autonomía y de libertad individual, que antes eran privativos de los hombres- el derecho a la independencia económica y a ejercer todos los empleos y responsabilidades de acuerdo a nuestras capacidades. Las chilenas se han incorporado lentamente, en comparación con otros países, pero a paso seguro al mercado laboral. Hoy cerca del 47 por ciento de la matrícula en las universidades son ocupadas por mujeres: cifra muy alta si se mira para atrás, pero baja, si se toma en cuenta que más mujeres que hombres egresan de la educación media y rinden la PAA. A pesar de ello, lo más significativo son las diferencias en cuanto a la elección de carreras universitarias. En efecto, el 48 por ciento de la matrícula de mujeres se encuentra en profesiones relacionadas con el área de la educación o la salud; mientras que en el caso de los hombres, el 45 por ciento de la matrícula corresponde a carreras del área tecnológica.

Consecuente con lo anterior, las mujeres participan mayoritariamente en rubros diferentes al hombre en la economía nacional, pues se dedican principalmente a la enseñanza, los servicios sociales y de salud y a la administración pública (29 por ciento), los hogares privados con servicio doméstico (22 por ciento), el comercio (17,6 por ciento) e industrias manufactureras (14,1 por ciento). Ahora bien, se aduce que estas opciones educacionales y ocupacionales de las mujeres no serían la expresión libre de sus preferencias, sino que estarían condicionadas por su subordinación histórica y por la existencia de contenidos y metodologías que tienden a perpetuar dicha subordinación.

Esto equivale a decir que estas elecciones, al margen de su realidad empírica, no serían libres, porque ellas sólo "prefieren" aquello que han sido culturalmente inducidas a preferir. Si aceptamos esa premisa de que las mujeres no son "libres" debido a ciertos condicionamientos culturales, fluye, entonces, que el remedio principal para "liberarlas", necesariamente pasa por la introducción de cambios culturales a través de una ingeniería cultural desde el Estado, que es lo que muchas políticas públicas actuales pretenden.

Por el contrario, creo que las distintas especializaciones de las mujeres no son necesariamente producto de la discriminación ni se deben a condicionamientos culturales destinados a mantenerla en una situación de desmedro, sino que responden - en la mayoría de los casos- a una opción racional. Hombres y mujeres tienen diferencias en sus preferencias y ambas son igualmente libres o igualmente condicionadas. Hay factores de vocación natural, de flexibilidad en los horarios, de exigencias laborales y otras, que condicionan en forma diferente la elección de hombres y mujeres.

La mayoría de las mujeres desean una vida laboral que permita la compatibilización del trabajo con la construcción de una familia y con la maternidad. Por ello, por ejemplo, la flexibilidad en el horario, la mayor cantidad de tiempo libre, las mayores facilidades para ingresar y egresar del mercado laboral por razones de maternidad son factores más relevantes para muchas mujeres que los ingresos posibles de obtener.

UNA CUESTIÓN DE IDENTIDAD

Las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado en forma radical y, seguramente, de manera irreversible. La tendencia general en el mundo es hacia la mujer que trabaja y que reclama una justa contribución a su aporte, y que desea también una familia. El trabajo de la mujer hoy es parte constitutiva de su identidad femenina. Esto no quiere decir, sin embargo, que vayamos entrando a un mundo sin diferenciación sexual. Por el contrario, tiendo a pensar que la diferencia entre el trabajo de hombres y mujeres, que subsiste ampliamente hasta hoy y que sigue entregando una preponderancia del trabajo doméstico a la mujer, es un fenómeno que no es de fácil ni segura extinción y que en los tiempos postmodernos la reproducción social de la diferencia entre los sexos sigue siendo un proceso consustancial.

La verdad es que la mujer se relaciona con el trabajo en forma diversa al hombre y articula la relación trabajo-familia en forma estructuralmente distinta al hombre. En estos últimos, el proyecto profesional es autónomo y prioritario; mientras que en la mujer se elabora integrando las necesidades futuras de la maternidad.

La gran pregunta es ¿por qué subsiste la diferenciación social de los roles sexuales?, ¿se trata de un vestigio del pasado aún no superado? O bien, como dice el filósofo francés Lipovestky en "La tercera mujer", hablamos de un proceso que funciona a toda velocidad en el seno del tiempo presente, porque se trata de tendencias que corresponden a aspiraciones y gustos contemporáneos. Es evidente que en el mundo posmoderno el trabajo femenino es un valor; el principio de subordinación de la mujer al hombre ya no es legítimo ni siquiera como un deber ser deseable.

El poder de decisión dentro de la pareja es compartido. Cualquier nuevo modelo contempla la autonomía de la mujer y la participación de ambos en decisiones importantes. Las tareas no se reparten meramente en función del legado de la tradición, sino que son objeto de negociación y discusión entre ambos: no hay nada particularmente femenino o masculino en hacer camas, cocinar o ir al supermercado. Pero esto no significa que el trabajo doméstico esté paritariamente distribuido: en el mundo desarrollado entre el 60 y el 75 por ciento de las mujeres activas realizan el trabajo doméstico.

Las mujeres desean una división más equitativa de las tareas domésticas, pero pocas están dispuestas a renunciar al derecho adquirido de ser ellas prioritariamente quienes están a cargo de alimentar, bañar, cuidar y educar a los hijos. La queja es más bien a la inversa de mujeres que por trabajo ven estos aspectos insatisfechos. La mujer se siente responsable por la cohesión afectiva del grupo familiar.

Esta posición femenina en relación a la familia no representa meramente una subordinación, sino que hay también una búsqueda de sentido, estrategias de poder y una búsqueda de identidad profunda. Esta relación tiene un costo profesional, pero eso no quiere decir que no tenga un beneficio subjetivo para ella: calidad de la relación con los hijos, satisfacción de formar a un ser e influir en su presente y su futuro, reforzamiento de identidad mujer-madre, satisfacción de sentirse indispensable y la conciencia de la importancia del vínculo y de su tarea en general.

Son desafíos mayores los de la mujer hoy en Chile y en el mundo: ser esencialmente mujer sin tratar de ser hombres de segundo orden; desarrollar todo su potencial intelectual y profesional; entrar en una relación de pareja que no está regida por conveniencias sino que debe basarse en el amor, y sin renunciar a su rol prioritario dentro de la familia, porque allí reside parte esencial de su identidad y sentido. Y esas metas, que muchas veces parecen insuperables, cuando se logran - aunque sea parcialmente, porque vivimos en un mundo imperfecto- , las satisfacciones son también sin comparación a aquellas de ninguna época histórica que nos haya precedido.

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maternidad_soplo_de_vida.jpgEn los últimos años se ha venido constatando un cambio en el comportamiento de los niños. Sin duda que hoy ellos son más informados de lo que nosotros lo éramos a su edad y tienen más conciencia de sus derechos. También existe una relación más horizontal con sus padres que la que anteriormente había entre las distintas generaciones.

No cabe duda que muchos padres se sienten desorientados frente a estos niños que manejan las situaciones según sus caprichos. La pregunta que todo padre y madre se hacen en este caso es “¿qué estoy haciendo mal qué no logro que me obedezca?” o “qué hago para qué me escuche?”

El problema está más en nosotros que en ellos. Muchos hemos dejado de creer en los pilares que sostienen la verdadera maternidad, los que son necesarios para construir un verdadero hogar. Como mujeres y madres es necesario que para poder educar a nuestros hijos bien primero hayamos tomado conciencia de lo qué es la maternidad y el cómo poder conquistarla interiormente

La maternidad, al igual que la paternidad, se caracteriza primero que todo porque engendra vida. Esto da origen a una relación básica: el de la maternidad y de la filialidad. Ser madre significa ejercer la autoridad, servir, proteger y cultivar la vida. La madre es colaboradora e instrumento de la paternidad divina y, por lo tanto, reflejo de la misma para sus hijos.

Sus características:

• La maternidad se caracteriza por tener un contacto vital con el hijo, con “su” vida, en la que respetamos su “originalidad”, el sello con que Dios lo marcó desde la eternidad o dicho de otra forma con su proyecto de vida originario.

• La madre cuida de todo y de todos sin angustiarse. Sabe hacer grandes y pequeños sacrificios por los suyos; sacrificios que son por amor y tomados en “libertad interior”, que tienen su origen en el “sí” de la concepción.

• Desarrolla la vida del que le ha sido confiado y que es independiente de ella. Reconoce al otro como algo ajeno a ella, como un ser humano que tiene derecho a buscar su propio camino y no a realizar los sueños de sus padres.

• Demuestra con hechos concretos el amor que se les tiene.

• Con cuidado y sabiduría va permitiendo que sus hijos se vayan independizando y que amplíen sus horizontes haciéndose cada vez más innecesaria a medida que ellos crecen.

• Se gana la autoridad sobre ellos más que por sus palabras, que son muy necesarias, por el ejemplo de vida que les da y por el amor que les En la medida que la madre cultive más y más una armonía entre lo que cree y lo que vive más probabilidades tiene de poder ser una persona a la que siempre recurrirán buscando cobijamiento.

• Confía en sus hijos y está siempre pendiente de cómo conducirlos para que ellos puedan realizarse plenamente en cada epata de sus vidas. Con sabiduría cuida y vela por afianzar todo lo noble y bueno que tienen, más allá de sus fracasos, errores y desengaños.

• Sabe poner límites. Exige y causa dolor, pero lo hace en el amor y por el amor, pues “quien no ama no tiene derecho a castigar”. Las palabras de don Bosco tienen en este contexto un profundo sentido: “Si quieres que se te obedezca, debes lograr ser amado (lo mismo vale en relación a todas las demás virtudes). Si queréis ser amados, entonces, debéis amar. Y esto sólo no basta. Debéis dar un paso más. Vuestros hijos no sólo han de ser amados por vosotros, sino que deben llegar a darse cuenta de ellos. ¿cómo se llega a dar esto? Debéis preguntárselo a vuestro corazón, él lo sabe.”

• Por esto es importante que los padres acuerden entre ellos los límites con anterioridad, que no se contradigan en frente de los hijos y que en caso necesario suspendan la respuesta que se le dará hasta poder conversarlo entre ambos.

• Su actitud sencilla y serena frente a la vida es la que hará que sus hijos quieran recurrir a ella.

• Cultiva la cercanía necesaria para poder acogerlos y recibirlos siempre; pero también la lejanía que marca la diferencia entre ser un igual –como lo son los hermanos- y entre ser madre e hijo.

Toda maternidad se apoya en la paternidad que regala el padre de familia. Por eso es importante ayudar a que nuestros esposos profundicen su paternidad que se reflejará en un cuidado personal y profundo por los suyos, que sabrá guiar, apoyar, apuntalar, exigir según lo vaya necesitando la vida de los hijos. Dejémonos complementar por nuestros maridos para que podamos cada uno ejercer sanamente tanto la maternidad como la paternidad.

Ser madre nos quita tiempo para poder realizar las actividades a las que nos gustaría abandonarnos si no les dedicáramos tanto tiempo a nuestros hijos. No se trata de estar todo el día encima de ellos, pero sí de ponerlos al centro de nuestro corazón tal como nos tiene Dios en el suyo.

Si queremos un mundo mejor y que nuestros hijos sean buenos padres, empresarios, ciudadanos, cuidemos primero de regalarles el poder experimentar una maternidad educada y encarnada a través de nuestras vidas.

 

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