Mujer, Alma de Chile
Subido por Beatriz Letelier el Septiembre 15, 2003
Autor: Ana María Rivas C.
Ilustración: Caminé Schultz

“Estamos convencidas que todo lo que hacemos para llenarnos interiormente de Dios repercute en nuestro esposo, en nuestros hijos, y en todas las personas que nos rodean, determinan su felicidad y desdichas. Así mientras más crecemos en Dios, más podemos esperar y al mismo tiempo estamos conformando el destino de los nuestros”, fueron las palabras del Padre José Kentenich durante una conferencia para mujeres, en el año 1950.
Gran tarea sobre débiles hombros fue la que nos legó este Padre, pero él sabía lo que decía desde su condición de profeta y padre. Como muy bien lo expresa la frase: “Del mismo modo que a través de una mujer entró el pecado al mundo, por ella también vendrá la salvación”.
Este es el gran desafío para nosotras en este tercer milenio que comienza. Pero, nos preguntamos: ¿Qué significa realmente el hecho de llenarnos interiormente de Dios?
Nos encontramos de cara a este tercer milenio que comienza, rodeadas de grandes posibilidades. Hoy todo se sabe, todo se conoce, el hombre se ha apoderado del mundo y lo tiene a sus pies. Esto nos ha permitido llevar una vida cada día más cómoda y fácil, aprovechando todos los avances de la tecnología. El acceso a los bienes materiales es posible para muchos, contamos con televisores, computadores y teléfonos celulares que nos permiten comunicarnos inmediatamente con cualquier lugar, comida desechable, ropa bonita, en fin podemos disfrutar y hacer deporte para tener un cuerpo esbelto y saludable.
Sin embargo, toda esta exterioridad buena y placentera nos ha llevado a dejar de lado nuestra capacidad de detenernos y mirar hacia nuestro interior. Hemos ido perdiendo lenta pero profundamente nuestra humanidad, el sentido que tiene nuestra existencia, nuestra condición de seres naturales y espirituales.
Somos nosotras en nuestra condición de mujeres, esposas o madres, las que estamos llamadas hoy a dar una respuesta verdadera, a rescatar a este hombre que casi sin darse cuenta es tironeado y zarandeado y que fácilmente puede perder el norte o la brújula de su vida y después se lamenta. Es nuestra misión devolver el sentido de vida que nos llega cuando podemos experimentar que nuestra felicidad va más allá de las cosas externas y circunstanciales, ella brota de la capacidad más humana de todas, en el poder, con la ayuda de Dios, trascender a la realidad material.
Este es un desafío, pero también una tarea. Significa adentrarnos en la profundidad de lo que somos y así mirarnos con verdad. Reconocer todo lo que traemos, nuestras debilidades y miserias, junto a nuestras fortalezas y virtudes y ponerlas cara a Dios. No hacerle el quite a la realidad, porque la vorágine de la vida nos lleva a quedarnos en lo fácil entretenido y superfluo.
En este camino, nos encontraremos con dificultades, dolores y también muchas alegrías, pero sí tendremos la certeza que recibiremos las gracias necesarias para llegar a ese lugar de plenitud, de paz y de amor donde habita Dios y que se encuentra en lo más profundo de nuestro corazón.
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Revise bien las consultas y respuestas dadas en el sitio ya que están muchas veces repetidas. Gracias.
«Las montañas, sin embargo, no son sólo un lugar de descanso y de vacaciones: para muchas personas son el ambiente del cansancio diario, afrontado con frecuencia en la soledad y el aislamiento” “Las montañas constituyen un patrimonio de todos, y deben ser respetadas por todos, amadas y salvaguardadas con atención -concluyó-. Se trata, de hecho, de un bien común, cuya integridad es preciosa para toda la humanidad».
Es conocida la particular afección que el Papa Juan Pablo II ha tenido desde su juventud por las montañas, por lo que esta reflexión adquiere una fuerza vital aun mayor.
Fuente: ZENIT.ORG
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