Un niño se acerca a su padre que lee el diario: “¡Papi!”. Él le responde con un murmullo: “¿Qué pasa pues, niño?”
-¿Cuando sea grande, debo también leer el diario?
-¡Por supuesto!
-¿Porqué papá? El papá no escuchaba, seguía leyendo el periódico. ¿porqué papi, quiero saber! Hm? ¿por qué? ¿qué porqué? ¿Por qué, cuando sea grande debo leer el diario?
-Por Dios, como adultos leemos, simplemente el diario. Uno debe mantenerse siempre al día de lo que pasa.
-¿Qué significa, mantenerse al día, papi?
-¡Por Dios del Cielo, niño! esto es como,… como orientarse, ¿entiendes?
-¡No!
-Entonces, hablemos de esto otra vez. ¡Ahora dejame por fin leer!
-¿Por qué no puedes leer, papi, cuando te hablo?
-¡Porque me interrumpes, niño! Hablar interrumpe siempre. Se debe hablar lo menos posible,¡que te quede bien grabado!
-¡Pero, nuestro profesor habla harto, papi!
-¡Esto es suficiente! Simplemente él es tu maestro. Los maestros pueden hablar. Pero los niños tienen que estar calladitos, ¿entiendes?
-¡Pero, pero cuando no abro la boca en la escuela por toda la hora, el profesor se enoja!
-¡Por la flauta, esto ya me colmo, yo quiero simplemente leer! Si tu me sigues preguntando me vas a volver loco y estaré listo para ir a un manicomio!
-¿Puedes leer allí también diarios, papi?
-¡No, no, no, Dios! ¡Allí no hay diarios!
-Oh, que bueno papi, -dice el hijo- allí voy a ir a verte, y podré por fin hablar contigo, sin que te interrumpa!
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