Adolescencia: una época privilegiada
Cuando como adultos reflexionamos sobre nuestra propia historia, nos damos cuenta que en la adolescencia vivimos importantes cosas y tomamos decisiones que de alguna manera fueron definitorias para nuestra vida. Después de algunos años se hace consciente la gran importancia de esta etapa y muchas veces nos dan ganas de volver atrás.
Es en este trascendental período de la vida donde se completa el individuo, se define su identidad personal y el joven pasa a ser miembro de su sociedad. Este proceso exige que se tome todo lo aprendido acerca de la vida y de sí mismo, que se integren los nuevos cambios y destrezas adquiridas y se moldee en una autoimagen unificada.
Por esto, la adolescencia siempre ha sido considerada como una época difícil no sólo para el joven, sino para toda su familia. Sin embargo, si lo miramos desde otro punto de vista, también se le puede considerar como una época tremendamente privilegiada, ya que es ‘el momento’ de nuestra historia donde se abre una brecha hacia las grandes preguntas en relación a la “revelación” de nuestra propia luz interna, de quién soy yo y quién realmente quiero ser en la vida, es decir, se revela, se descubre o manifiesta aquello ignorado o secreto y que es el núcleo, el motor de nuestra vida.
La reflexión se abre desde la autenticidad, se desarman todas las seguridades que se han tenido desde niño, se entra en conflicto con lo que hasta el momento sólo había aceptado como una verdad absoluta y la persona empieza a cuestionarse lo que es. Esta es una oportunidad única en la vida, que sólo se podrá repetir después de los 40 o 50 años cuando se comienza a hacer un balance de qué ha sido mi vida y si he cumplido con el proyecto de vida que pensé en mi juventud. Es decir, va a pasar mucho tiempo hasta que la persona no vuelva a conectarse con la autenticidad de lo que realmente es.
Crisis de identidad v/s crisis cultural
Esta búsqueda de la identidad muchas veces se ve obstaculizada por una sociedad que no facilita este proceso de descubrir la autenticidad del yo, y de entender cuál es su misión como ser humano, ya que nuestra sociedad está en crisis, y el adolescente debe crecer en este mundo de apariencias que no lo ayudan a encontrar su identidad. La realidad socio-cultural es tan diversa que no presenta con claridad cuáles son los valores que lleva inmersa, está en constante cambio y deja entrever que la única forma de ser feliz es teniendo mucho y haciendo mucho. No se permiten errores ni fracasos y menos la posibilidad de reflexionar, de tener espacio de ocio, ya que estos períodos son catalogados como flojera.
Entonces se genera un estilo de vida agotador, donde la persona nunca siente ser lo suficiente: “nunca soy lo suficiente buen profesional, o suficientemente exitoso, o buen hijo, o buen papá, etc.”. Por lo cual siempre se vive con la sensación de qué no se tiene lo necesario para ser feliz y no se disfruta el momento actual, no se vive plenamente en el aquí y ahora. Esto genera una mente permanentemente ausente, pensando en lo que no se alcanzó a hacer, o en lo que falta para estar completo, lo que le impide gozar la vida y ser feliz.
De esta manera, no estamos contactados con nuestro centro, no somos capaces de tolerarnos a nosotros mismos, de estar solos, ni de tolerar el silencio. Nunca estoy parado en lo que soy, sino que en lo que los demás quieren que yo sea. Para el ser humano es vital ser amado y aceptado, esto está en el centro de la psiquis humana y nuestra cultura no tolera el amor desde lo que se es, si no que el amor desde ciertas exigencias exteriores, “yo amo si es que tú cumples”, ese es el mensaje que estamos recibiendo todos y que obviamente está recibiendo el adolescente.
La adultez "estresada" asusta a los jóvenes
Es entendible, entonces, que estemos asustando a los jóvenes. Si los adultos seguimos funcionando con este modelo estresado y acelerado de vida, con incapacidad de disfrutar y de ser felices con lo que somos y tenemos hoy, es comprensible que ellos tengan miedo a crecer y que constantemente se rebelen contra la vida adulta. Les estamos ahogando los espacios de encuentro interior y los sobrecargamos de actividades por miedo a que no sean lo suficientemente capaces de desenvolverse en un mundo tan complejo, o sea, queremos que los adolescentes sean una persona “súper” llena de recursos externos, pero el problema es que no tiene su propio recursos interior.
Por esto el desafío que tenemos como adultos es el de replantearnos nuestros valores y revisar cuáles son los pilares de nuestra vida, porque el único mensaje que podemos entregar es el de lo que somos realmente. La invitación es a que nos detengamos, nos miremos y empecemos a dar pequeños pasos: espacios al ser, espacios para observar más, escucharnos y escuchar a los demás, y por sobretodo acoger y contener a nuestros niños y adolescentes y acompañarlos en su camino.
Mª Soledad Siade K.
Psicóloga Niños y Adolescentes
Fono: 09 434 47 60
E-mail: solesiade@hotmail.com
dirección de consulta: Málaga 888. Of 32. Las Condes
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Revise bien las consultas y respuestas dadas en el sitio ya que están muchas veces repetidas. Gracias.
Enviado por blanca el 12 de Enero de 2006
Hola amigas, solo hoy encontré su dirección en la revista vícnculo, mi consulta es:tengo un hijo que es estudiante de medicina paso a tercer año, pero el siempre ha sido buen estudiante y en la adolescncia se salto la etapa por estar estudiando y ahora sufre por eso fui una madre superprotectora, pero ahora e cambiado lo dejo que salga y eso pero igual hay rollos, me gustaria que me dijesen como hago para que cierre sus rollos del pasado ya que el sufre porque siempre yo le soucionaba sus problemas o conflictos con los demás